sábado, 31 de diciembre de 2011

Agradecida y emocionada, solamente puedo decir gracias por venir

Como es el último día del año me toca inventario y ponerme sensiblera. Ha sido un año de cosas buenas pero no me ha resultado nada fácil, algunos ya lo sabéis. Aún así, tengo mucho que agradecer.

Bueno, todos sabemos que soy una ñoña, así que ahí va una ración de azúcar y esta vez tengo para todos.

Familia: Gracias por vuestro apoyo, a pesar de que no siempre entendáis lo que hago, os agradezco que hayáis estado ahí, sobre todo cuando la salud flojeaba y necesitaba un brazo en el que agarrarme. Gracias por las visitas, por las bolsas de comida, por las lanas, por los email, y por las largas llamadas de teléfono. Mamá, gracias a ti en especial por llamarme todos los días de año y porque sé que estás preocupada por mí. Todo irá bien, ya lo verás. Gracias también a mis primas porque ya las tengo en el facebook y me hace mucha ilusión. Llegué de última y hablo poco, a veces tengo la sensación de conocer a mis parientes menos de lo que se conocen entre ellos, por eso me resulta reconfortante la sensación de familia sobre todo ahora, que quedamos cuatro gatos, más que nunca.

T y J (y la pequeña Texas): No os digo lo mucho que os echo de menos a menudo porque me cuesta pensar en ello, me pone triste. Añoro tener una casa a la que ir en la que siempre tenía las puertas abiertas (cuando no había ropa tendida, claro) y añoro vuestra compañía. Gracias por el álbum de mi cumpleaños, que me encanta y me devuelve grandes momentos. Os quiero mucho.

Tambitooooo, qué te puedo decir a ti. Eres una de mis grandes debilidades, ya lo sabes. Mi Amigo con mayúsculas. Me ha costado acostumbrarme a vivir sin tenerte alrededor, pero aún así, no te alejes mucho, aunque sea vía email te necesito ahí.

PdB: Woooooow, es lo que puedo decir de ti. Mi rey de la fritanga, mi papá en Lugo, mi marido político. ¡¡Espero que este año encuentres tu propio marido y dejemos de compartir éste!! Pero aunque eso pase, seguirás teniendo tu hueco en nuestra pequeña familia.

B: Eres la persona que más veces ha venido a visitarme, gracias. Me has hecho voluntaria, jugadora de rol habitual, y traes la conciencia social a esta casa. No sabes lo mucho que te lo agradezco.

Burger, Brago y Gode: Os veo poco pero os aprecio y espero poder veros más este año. Gracias por cuidar de Mori y por los pinchazos. También por cuidar de mi Ano (mamá no te asustes, no es literal). Aquí tenéis una casa cuando queráis.

C. y S: También tenéis una casa aquí cuando os apetezca. A C. gracias por pincharme, sobre todo en Semana Santa que estabas hasta arriba de cosas que hacer y aunque no me conocías de nada viniste cada día con una sonrisa y un bonito sombrero. Gracias por las tardes de rol y a los dos por jugar la partida de Atmosfear más cutre de la historia.

Z. y T: Gracias por confiar en nosotros para quedarnos con el pequeño gatito gris y por traer a casa a mi pequeño compañero peludo comedor de sofás. Es el mejor regalo que me han hecho en mi vida.

Abel y el profesor X: Echo de menos aquellas comidas una vez a la semana (siempre que era posible). A ver cuándo podemos volver a vernos. Me acuerdo mucho de vosotros.

Mis chicas de la academia: Las reinas de la paciencia, pocas empresas han tenido tan buen rollo entre los trabajadores como nosotras, pese a las adversidades y los momentos de estrés, que no fueron pocos. Pese a todo pesa más lo bueno, y vosotras sois muuuuuuuuy buenas, profesional y personalmente. Os echo de menos.

Los chicos y chicas de G: Pese al tiempo y la distancia, os tengo muy presentes porque ¡anda que no compartimos anécdotas ni nada! Gracias a V. porque ha sido una de las mejores amigas de mi juventud y a R. por ese buen rollo que tiene siempre en el facebook. Felicidades a P. y a M. por su boda, os deseo felicidad y felicidad y más felicidad. Eu tamén navegar, te mando muuuuuchos besos, sabes que te aprecio mucho y te admiro, eres una de las personas más constantes y currantes que conozco.

A los chicos y chicas del instituto: ¿Quién ha dicho que segundas partes nunca fueron buenas? Me alegro de haberos reencontrado y haberos conocido mejor que hace... uffff, demasiados años como para decirlo. Un besazo, sobre todo a mi V. E., amiga desde el colegio hasta el día de hoy. Aunque nos veamos una vez al año, es como si no hubiera pasado el tiempo.

Chicas de La Opinión: Qué monas sois. Y muy curriñas. Y muy majas. Y qué guapas vais siempre que os veo. ¡Este año a ver si coincidimos más!

L: Es imposible quererte más de lo que te quiero. No se puede.

Gracias al facebook por mantenerme en contacto con el mundo exterior y gracias a todos los que en algún momento habéis perdido vuestro tiempo este año leyendo mis chorraditas. Gracias a todos los que me habéis dejado comentarios. Gracias a aquellos que me han hecho encargos. Os deseo un feliiiiiiz feliz, felicísimo 2012 con mucha salud, mucho amor, y un poco más de dinero para todos, por favor.


Buenas noches y buena suerte. Nos vemos el año que viene.

viernes, 30 de diciembre de 2011

¡¡¡Cuatricromía!!!

Buenos días a todos. Después de un par de días de humor regular, hoy ya estoy recuperada. Diría más, he entrado en la fase en la que me tomo todo con bastante cachondeo y un poco de locura.

Ayer madrugué mucho para ir a primera hora al que teóricamente era mi nuevo centro de salud, a tres minutos de casa. Al llegar allí me topé con una auxiliar que debía de haber tomado redbull al desayuno, porque vaya energías y tono de voz. La envidié, en serio, a esas horas mi cabeza va como una escena de lucha de la película 300, pero no soy un espartano, soy a la que le dan la paliza: los detalles importantes a los que tengo que prestar atención van mega rápidos y no reacciono, pero de repente se activa la cámara lenta y... tampoco reacciono. Así que mientras me explicaba que ese, aunque pudiera parecer porque está al lado de casa, no era mi centro de salud y que tenía que irme a otro a hacer el papeleo, lo llevé bien... pero cuando me dijo lo mismo que el chico de la Seguridad Social me empecé a mosquear un pelín. Qué manía tienen algunos en este país con los chanchullos, así pasa luego lo que pasa.

En fin, Pilarín, que me fui al otro centro de salud. Me encanta. Se quedaron con mi tarjeta y me han dado un papelito cutre mientras tengo que esperar (me han dicho) uno o dos meses a que me manden la tarjeta y también me dijo la chica que no tengo cobertura sanitaria fuera de Galicia. "¡¡¡No vayas ni al Bierzo a por provisiones!!!" me dijo con tono jocoso. Me parto, señora, ole su gracia. Si es que los pobres no deberían viajar, no vaya a ser que acaben en Madrid y le ensucien la ciudad a la alcaldesa (link). Y ya no te digo si eres un mendigo graffitero, eso es lo peor de lo peor de lo peor de lo peor. Peor. Peor, peor.

Pero volviendo a lo que estaba contando, hay algo que no entiendo (lo digo como si fuera sólo una cosa la que se me escapa...anda que si planteo todas mis dudas no me llega el blog entero). La cuestión es: Mi tarjeta sanitaria estaba nuevecita, que sólo la había usado un par de veces desde que me la dieron, entonces ¿por qué hacer otra? De verdad que no lo entiendo. ¿No se podía poner un papelito nuevo atrás encima del otro ya que estamos en crisis? ¿Gastar más plástico para qué? Al menos reciclarán mi tarjeta, ¿no?

Es que yo me planteo que si tardan dos meses en hacerla, no debe de ser sencilla la cosa. Me recuerda a los que hacen los títulos universitarios, que tardan unos dos años en llegar. Yo me imagino a un grupo de monjes artesanos super mayores trabajando en la semioscuridad... algo así como la biblioteca de El nombre de la rosa.

A lo mejor cuando llegue mi tarjeta Master Pobre saldré de dudas. Tengo curiosidad por saber cómo será.

A partir de ahí, mi día siguió su curso con torpeza. Estuve a punto de echarme zumo al café dos veces, puse una pota con agua a hervir en el fuego que no tenía encendido, rematé una bufanda con el hilo que no era y tuve que deshacer todo, hice una tarjeta dos veces porque la primera no estaba convencida, y cuando por fin terminé me dijeron que el nombre de la persona en cuestión tenía una letra más... Todo así. No pasa nada, pasé un día tranquilo con mi eterno compañero pegado a mí, los dos bajo la manta. A él no le importa que esté de buen humor, de malo, patosa o no. Él me quiere y me odia igual todos los días y yo se lo agradezco.



Hoy estoy más despejada. He dormido hasta decir basta, vienen a verme desde mi otra ciudad y pretendo dedicar el día a hacer recados fuera de casa. Con un poco de suerte hasta pueda tomar un batido o un chocolate en el centro, cosa que me gusta más que a un tonto un lápiz. Me olvidaré de malos rollos y me relajaré, me tomaré las cosas con humor y con un poco de suerte empezaré el año con buen pie.


Buen café con zumo para todos.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Mi número

Hoy me he levantado de muy mal humor. A las 8.20 de la mañana tenía la sensación de haber dormido una o dos horas. En el día de los Santos Inocentes para broma la que me hizo mi Comunidad Autónoma: me levanté dada de baja en el paro y a pocas horas de quedarme sin cobertura sanitaria. Lo del paro intenté solucionarlo telemáticamente, pero la página web me decía que no podía hacer nada precisamente por eso, porque me habían dado de baja y ya no tenía derecho a hacer trámites por esa vía. "Pero yo tengo que hacer un trámite, tengo que renovar", pensé. A mi ordenador eso le daba igual, y tuve la sensación de que no era al único que se la refinflaba. Sólo somos números. Un número que el Servicio de Colocación había dado de baja. Ajo y agua.

Mientras algunos iban al trabajo yo me dirigí a la trabajadora social, para que me dijera qué hacer de mi vida. La que me correspondía lleva días sin estar en su puesto de trabajo, y con esto de la crisis y que piensan que sobran interinos, no han puesto a nadie que la sustituya. Así que nada, a ver a la trabajadora social de la otra punta de la ciudad. Mientras iba hacia allí pensaba en la gente mayor, en la gente que tiene dificultades para moverse libremente, en lo que no pueden andar de un lado para otro. En todos aquellos que no saben que no tienen cobertura, que los hay. Qué injusto. Lo bueno fue que por fin me encontré a un ser humano con capacidad de ser amable, que me ayudó y ME EXPLICÓ qué podía y debía hacer. El chico con el que había hablado en la Seguridad Social unos días antes era majo, pero sus soluciones eran de coña marinera. Me dijo que me informara de cómo iba lo de las parejas de hecho, que él no tenía ni idea de la legislación gallega, pero que de todas formas era una pena que me hubiera empadronado en esta ciudad, que podía coger un certificado de convivencia que aún pusiera que vivía en mi anterior ciudad y presentarlo como si fuera vigente para intentar ponerme como dependiente de mis padres, a ver si colaba. No quiero hacer chanchullos, señores. Yo ya no vivo en esa ciudad. Vivo aquí y quiero que conste mi situación, lo que pasa es que como ya dije antes soy un número, así que reconocer mi situación real hace que ese número pase a formar parte de una lista muy fea que no les gusta engrosar, esa que dice que somos ya demasiados los que no cotizamos ni tenemos quien cotice por nosotros.

Yo, mientras, sigo perdida entre ofertas de trabajo que sugieren que soy demasiado mayor para unas cosas, tengo poca experiencia para otras, o soy esto o soy aquello, o no soy ninguna de las dos cosas, qué pena. No doy el perfil. Bueno, pues vale. Pues qué le vamos a hacer.

En días así me siento mal, me siento sola. Y no, no estoy sola, menos mal. Si estuviera sola entonces sí estaría realmente jod... Pero no lo estoy. Y no debo sentirme mal. No he hecho nada malo. Hay muchas cosas que no soy, es cierto. Pues no, no soy protésico dental, está bien que no me cojan para eso. Sin embargo, sí soy otras cosas, aunque por ahora no haya encontrado mi camino. Soy licenciada, hablo tres idiomas y he estudiado dos más, aunque no los domine como los otros. He pasado muchas horas de mi vida estudiando leyes. Sé escribir, he leído bastante. No soy un genio, pero tengo cierta cultura. Soy buena en mecanografía. Tengo buen carácter, soy paciente, soy buena persona. Tengo empatía. No soy una inútil y no quiero que me hagan sentir como si lo fuera.

Hay quien me dice que no escriba de estas cosas, que debo ser positiva, no centrarme en lo malo, olvidarme de esto y hablar sólo de calceta y trivialidades. Bueno, las cosas no desaparecen por no hablar de ellas, de hecho son una parte más de mi día a día y que proteste no significa que me rinda o que esté derrotista. Todo lo contrario. Mientras haya quien se queje, hay esperanza.


Buenos días y bendita inocencia.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Fedid Mavidad (¡achís!)

Empiezo oficialmente las Navidades con catarrazo, como ya es tradición. La Nochebuena acabó siendo Nocheregular y la pasé casi sin dormir, con muchísimo frío, mocos, tos y estómago revuelto. Sin embargo Papá Noel me consoló con algunos regalos inesperados, los cuales le agradezco mucho, aunque me gustaría que de paso que se marchaba se hubiera llevado este horrible dolor de cabeza que llevo arrastrando demasiadas horas. El día de Navidad lo pasé en estado zombie y nada más cenar me tuve que meter en cama. Ahora, pese a estar levantada, no estoy demasiado despierta que digamos. Realmente no sé qué es pasar unas Navidades en salud, cada año me pasa lo mismo. Aún así, comí de lujo y le agradezco a las cocineras por el trabajo, lo rico que estaba todo y todas las cosas que me llevé (¡vivan los tappers!), aunque estoy fastidiada porque ayer tenía que haber hecho visitas y no pudo ser. Mal, mal, mal. Parece que 100 km no es tanto, pero comparado con antes que estaba a dos minutos de distancia, esto se hace bastante más difícil de lo que parecía que iba a ser, tanto para que vengan como para ir. Una pena...

Pero vamos a hablar de cosas más alegres, que esto es un bajón de renovación. Tenemos nuevo miembro familiar y estoy que se me cae tanto la baba que casi añado la deshidratación a mis males. Se trata de Luna, la gatita con la que Papá Noel estaba tan preocupado en la anterior renovación. Finalmente no hubo contratiempos en la entrega y llegó a su nuevo hogar sin problema. Mis sobrinos están encantados con ella, y no me extraña.


Es bonita, ¿verdad? Muy bonita. A ver si me mandan más fotos, que por ahora sólo tengo ésta.

Estos días también he hecho entregas de bufandas y flores de ganchillo, indirectamente porque no he podido ver a nadie de los que me las habían pedido, así que he tenido que recurrir a terceras personas para que las repartan. Sólo voy a publicar las fotos de una de ellas, las otras no puedo porque son para regalo, y como no sé si lo son de Papá Noel o de Reyes, pues nada. Quedan en el anonimato por si acaso.


Espero que les gusten a las personas para quienes son, y si no es así pues decídmelo y lo solucionaremos.

Hoy me dedicaré a seguir terminando cositas y a ver (si lo encuentro) el episodio especial de Doctor Who que emitieron ayer en la BBC. No volveremos a tener nuevos episodios hasta dentro de varios meses, así que tengo muchas ganas de ver éste.


Y poco más...


Feliz inicio de rebajas para P. que no ha podido venir a España a comer gulas.  Espero que aún así lo hayas pasado bien con tus amigos y el turrón de Suchard.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Santa llamando a elfo

Me ha llamado Papá Noel hace un momento. Está estresado porque no sabe muy bien cómo hacer con los regalos. Los deja en una casa, o en otra, los entrega a primera hora o hace un envío a otra dirección para que no lo pillen. Yo lo entiendo, no es fácil conseguir que no te cojan con las manos en la masa.

Papá Noel está tan nervioso que a pocas horas de las entregas se ha puesto a limpiar como un loco mientras intenta pensar la estrategia. Hay quien está dispuesto a echarle una mano, pero es necesario organizarse, cuadrar versiones, que nada se escape, no olvidarse de ningún detalle. Empieza así una red de llamadas y planes, un entramado de organización que nada tiene que envidiar a las misiones del FBI.

- "Santa llamando a Elfo, Santa llamando a Elfo, Elfo responda"

- "Elfo al habla"

- "Tenemos cubierta la situación con los Sujetos Alfa y Beta. Sin embargo la guarida será tomada por Gamma y Delta, abortar plan, abortar plan"

- "El regalo debe de estar a salvo, necesitamos un plan B"

- "La agente secreta Cousin 2.0 encontrará una nueva guarida, hay que concretar el punto de entrega y la transacción. Seguiremos informando. Esté atento, Elfo, en cualquier momento podrá ser requerida su participación activa en la misión"

- "A sus órdenes, Jefe"

Papá Noel va a tener unas próximas horas muy ajetreadas, pero valdrá la pena ya que a algunos les hace mucha ilusión que vaya a venir.


Papá Noel, esto va por ti:


¡¡Feliz Navidad y buena digestión a todos!!

jueves, 22 de diciembre de 2011

10 años

Tal día como hoy de hace unos años me levanté y miré por la ventana. Hacía sol, bien. Eso era bueno.

Aquel día ni me acordaba de que era el día de la lotería porque tenía muchas cosas que hacer.

En ese momento no tenía sobrinos, L. era sólo un lejano recuerdo de mis años de instituto, la ciudad en la que vivo ahora era un lugar que había visitado un par de veces, no tenía gato, no sabía nada de lanas ni me interesaba. Otro momento, otro lugar, parece hasta otra vida.

Ese día aún me ponía tacones, así que los dejé junto a la cama mientras me vestía. Pantalón color camel, jersey de cuello vuelto también color camel, con una mariposa cosida en el lateral. Joyas de plata y ámbar, americana de invierno.

He olvidado muchas cosas ya, pero otras se quedaron formando un raro entramado de recuerdos que intento conservar pese a mi mala memoria.

La interminable hilera de botones blancos, las prisas, las blancas botas altas olvidadas en un zapatero a 30 kilómetros, yo grabando lo que me dejaban con mi cámara.

En la puerta todos estábamos esperando. Más gente de la que había imaginado, pero también un cierto poso de tristeza por los que no podían estar presentes. Veía a Y. frotar las manos y conversar con algunos amigos. El hombre del sombrero al que recordaba de una presentación de un libro porque me había encantando su perra, junto al mago que unas horas más tarde me explicaría cómo grabar en vídeo una actuación de magia. También estaba P. con su cámara de fotos antigua, preciosa. Nunca había visto una así que todavía funcionara.

Mi prima y mi hermana llegaron en el Polo, sonriendo. Un beso, un par de fotos y todos para arriba. La primera vez que estaba dentro de un ayuntamiento.

A la mesa hermana, cuñado, primas, los amigos de Y. de casi toda una vida y los chicos de la tienda de comics. Desde allí veía a todos los demás. Los que conocía, los que no y a los que conocería entrada la noche. Todos comiendo marisco excepto la novia, disfrutando del eterno menú para alérgicos: plato de jamón y ensalada variada.

Al terminar de comer un poco de magia y un pequeño recuerdo. Aquel escrito que la noche anterior, a las 2 de la madrugada, yo seguía enrollando y poniendo lazos porque el tiempo se había echado encima, como suele pasar.

Recuerdo las bandejas de bebidas que iban a parar a una de las mesas de los que por entonces eran para mí desconocidos, tomada por arquitectos, aparejadores, un delineante, una diseñadora de interiores y las parejas de algunos de ellos. Parecían majos. Se reían mucho. Los que más de todo el salón.

Luego vino la fiesta para los amigos. Eso, eso, fiesta. Todos queríamos fiesta. Y con ella, llegó el caos. Un coche mal aparcado en una acera, gente bajando de él un equipo de música, yo corriendo por la plaza de España abarrotada de gente el sábado noche, persiguiendo a una chica que llevaba un vestido de novia y unas enormes botas de agua oscuras que había encontrado en su maletero (ya no aguantaba el otro calzado). Llegábamos tarde. Los que nos veían se partía de risa a nuestro paso y nos gritaban "¡¡Novia a la fuga!!", "¡¡Detenla!!", "¿¡Necesitas ayuda?!" y yo, roja como un tomate, respondía con un "Noooo, graciaaaaaas".

El novio pinchaba la música, mientras la novia bailaba con una sonrisa de oreja a oreja. Todos hablando unos con otros.

Recuerdo conocer durante esa fiesta a Abel. Hablamos sobre las bulldozers y excavadoras. Él me miraba desde las alturas con esa mirada suya que combina seriedad y cachondeo, como un león hablando de caza con una hormiguita que le hace gracia.

Me lo pasé bien, muy bien.

Feliz aniversario y feliz nuevo hogar.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

martes, 20 de diciembre de 2011

Tardes de cine

Aquí sigo, intentando acabar cosas, cosas, cosas. No es que sean muchas, es que el tiempo es poco. Dos bufandas ya están entregadas. No os las puedo enseñar porque son para regalo, y no enseñaré nada que sepa que se va a regalar a terceras personas. Una de las bufandas ya está en proceso final, falta acabar de hacer el borde, rematar y estará lista. Espero hacerlo hoy. Tengo algunas cosillas con las que voy con un poco más de calma porque como la confianza da asco, sé que no me matarán si voy haciendo antes otras historias pendientes. Hay otra que también tengo que acabar prontito, estoy pendiente de que me lleguen las lanas pero por ahora nada, así que espero que me las den esta semana. Y la última, pero no por ello menos importante, que debo empezar entre hoy y mañana. Y todo esto, a día 20. Ya me veo el 31 comiendo los lacasitos con una mano y en la otra la lana (es que yo no como uvas). No os asustéis, acabaré lo que me habéis pedido. No me quejo, para nada, me encanta lo que hago y no me gustaría no tener nada que hacer.

Ayer, por ejemplo, me pasé calcetando toda la tarde y aproveché para ver El crepúsculo de los dioses. Me encantó. Gloria Swanson está genial en su papel de vieja gloria (valga la redundancia) y Billy Wilder demostrando que lo suyo no era únicamente la comedia. Esos planos jugando con espejos, una voz en off narrando la historia a través de una víctima contando su propio asesinato, esa voz que acaba de llegar al cine y que es a su vez la responsable de los delirios de Norma Desmond.

Eso me hizo pensar en las diferencias entre el viejo cine y el nuevo, y sobre todo en la transición de una época cinematográfica a otra. Hace poco vi una entrevista con motivo de la película La invención de Hugo en la que Scorsese, sentado junto a James Cameron, hablaba de las maravillas del 3D.


No sé qué pensar. Personalmente tengo algunos problemas con el 3D porque me marea bastante y conozco a más gente que le pasa. También hay quien lleva gafas y le resulta incómodo ponerse otras encima de las propias. Más allá de eso ¿es el 3D el futuro del cine? Me gusta Scorsese, es uno de los grandes directores de nuestra época. Dudo mucho que una película suya sea buena o mala por estar o no en 3D. Por el contrario, no me gusta James Cameron. Sé que mucha gente no comparte en absoluto lo que voy a decir, pero Avatar me pareció Pocahontas alargando la historia y con personajes azules. Lo siento, no pretendo ofender, es sólo mi opinión. Tampoco me interesaría ver Ciudadano Kane en 3D, aunque pudiera. De por sí, Ciudadano Kane es una obra de arte, lo fue en su época y lo sigue siendo. Rompió moldes en cuanto a planos, fotografía, iluminación... y todo ello de la mano de un director de 26 años. No hace falta añadirle más.

Hace poco también vi Super 8. No me pareció mal. Es un homenaje a las películas que mi generación y las colindantes veíamos en nuestra juventud, allá por los 80, aquellas del tipo de los Goonies o ET, protagonizadas por un grupo de chavales normales que se veían envueltos en una serie de aventuras increíbles. Desde luego en Super 8 se nota la mano de Spielberg, no se puede negar.

Tengo interés por ver The Artist, la ya conocida como "arriesgada apuesta" por una vuelta al cine mudo en blanco y negro en pleno éxito del 3D. Desde luego está siendo la favorita por los críticos, mientras que en los cines se ven obligados a advertir a la gente, por si acaso, como he visto hace poco en esta FOTOGRAFÍA.

Será que los responsables de los cines quedaron escamados por lo que ocurrió con El árbol de la vida, como podéis ver en este ENLACE.

Así que mientras unos directores dan pasos hacia una nueva dimensión en el cine (nunca mejor dicho) otros deciden recuperar y homenajear clásicos de otro tiempo.

Yo, como amante del cine, sólo espero buenas películas.


Feliz martes todos.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Gatodo

Las navidades ya están ahí y acabo de ser consciente de que en poco tiempo tengo que hacer muchas cosas. No he comprado nada, no he pensado con quién voy a pasar cada día de fiesta, no tengo acabados los regalos de navidad que me han pedido que haga y no he mandado la única tarjeta de navidad que envío cada año. Soy un desastriño...

Tampoco he adornado la casa, pero mi gato me ha dicho telepáticamente que como ponga algo se va a encargar de destrozarlo, así que hemos llegado al pacífico acuerdo tácito de que no se pone nada y todos contentos. Me parece bien, así ninguno de los dos perderemos el tiempo haciendo algo que acabaría enfrentándonos.


Si hay algo que he aprendido este año es que si decides adoptar un gato será con grandes consecuencias. De puertas para fuera te conviertes en una pesada que cuenta las anécdotas de tu gato a diestro y siniestro. De puertas para dentro, es todavía más notable, ya que el gato es el ser más omnipresente que existe.

Siempre está en tu vida. Me levanto y está esperándome, me meto en el baño e intenta entrar él también, cocino y me hace la pelota para que le de un poco de su comida, me pongo a calcetar y está al acecho por si me despisto y puede robar algún hilo, veo la tele y se pone delante, tengo algo en la mano y es lo que más desea en el mundo, me levanto y me roba el sitio, me pongo una manta y se cuela debajo empujándome para tener más sitio, me siento a renovar y aquí está, supervisando lo que hago:


Siempre tengo unos ojos observándome. A no ser que se quede dormido, entonces entro en modo "ohhhhhh, qué mono es" y con su superpoder consigue que cuando no está mirándome yo estoy mirándolo a él de reojo.

También están los momentos de ausencia. De repente no lo ves y no lo oyes. Oh, no. No, no, no, no, qué está pasando. Algo malo. ¿Por qué no lo oigo? Así que empiezo a llamarlo, y pese a que sabe perfectamente cuál es su nombre, pasa de todo. Sigo sin oírlo. Tampoco lo veo. Empiezo a rascar el sofá, eso le encanta, seguro que si lo hago se acerca. Tampoco. Ay, madre mía, dónde está el gato. Hago una pelotita de papel y la lanzo, seguro que cuando la oiga caer viene corriendo. Nada. Me levanto y empiezo a buscarlo en sus escondites favoritos. Debajo de la cama, no. Debajo de la mesa camilla, no. Detrás del sofá, no. Encima del violín, tampoco. ¿¿Dónde está?? Y de repente te das la vuelta y lo ves, mirándote con toda la seriedad del mundo como preguntándote qué narices estás haciendo. Pero no te enfadas, lo coges en brazos y empiezas a hacerle gurri-gurri. Por fin vuelves a tener pegado a tu culo a tu pequeña bola de pelo rosmona.

Ahí es cuando te das cuenta de que estás enamorado de esa cosita que ocupa cada espacio de tu casa, tan pasota, tan gracioso, tan expresivo.


¿Y sabéis qué es lo mejor? Que esta hipnótica atracción no la consigue sólo conmigo, es con todo el que entra por la puerta. Nadie se le resiste. Nadie. Ni siquiera la gente que dice que no le gustan los gatos. Tampoco los comerciales, ni los técnicos, ni los repartidores. Todos caen. Todos entran en el bucle "gatito, gatito".

Si los gatos no fueran tan vagos, dominarían el mundo.


Bueno, después de este ataque de amor gatuno, me voy a hacer mis labores e intentar ponerme al día con mi lista de asuntos pendientes.


Buen comienzo de semana navideña a todos.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Sueño contigooo, qué me has dadoooo.

Hoy estoy cantarina, y eso es raro, raro, raro. A mí me da mucha vergüenza cantar, así que cuando lo hago es de modo inconsciente y eso es malo, porque canto cualquier canción chorrada que se me haya pegado porque sale en la televisión o algo así. Consecuencia: hace un momento me estaba dando golpecitos en la cabeza, y teniendo la siguiente conversación:

Naihte: "Noooooo, ¿dónde has metido la carpeta de discos nuevos? Necesito escuchar algo decente que se me meta en la cabeza ¡¡Estoy canturreando piiiiiii!!" (no la nombraré porque es como Candyman, si lo digo muchas veces volverá para hacer el mal)

L: "Está aquí (me la señala). Pero mira que tienes facilidad para que se te metan canciones malas en la cabeza."

Naihte (Mientras miro en la carpeta de Wilco): "¿Dónde está Kamera? Me apetece escucharla"

L: "¿¿Cómo?? ¿¿Quieres escuchar Camela?? ¿¿Desde cuándo??"

Naihte: "Nooooooo, ¡¡Kamera!! Ay, dios, no paran de abrirse carpetas, esto es un follón... ehhh... no se cómo se hace. Creo que mejor... ehhhh... no... estoooo... me he perdido."

L: "La de Me he perdido es de Nacho Vegas"

Y ahí es cuando entro en modo atoramiento mental. No entiendo los Mac aún, me cuesta. Siempre digo que soy un poco Paco Martínez Soria para estas cosas. Pero no te preocupes, P., no le hago ningún mal a tu ordenador, sólo es que abrí una carpeta que traía portadas, información del disco, la biografía del grupo y se me abrió todo a la vez más una actualización. No le he hecho nada raro. Trato a tu ordenador mejor que si fuera mío, palabrita.

Aparte de eso, estaba buscando en internet una solución, porque ayer tuvimos visita e íbamos a jugar al Atmosfear, pero se nos ha estropeado el dvd que trae, ohhhhhhhhh. Es una pena y bastante raro porque apenas hemos jugado y ya se ha fastidiado. Me parece fatal.

Hoy va a ser un día tranquilo, dedicado a mis labores y a ver Doctor Who. Hace poco mi amigo Tambo, que vive en Londres, me mandó una foto de la Tardis. Si llego a encontrármela daría saltos de emoción, pero si llega a estar mi hermana conmigo no me quiero imaginar la que liaríamos.


Me acuerdo mucho de Londres, lo echo de menos. Pese a que no he pasado allí todo el tiempo que me gustaría, es una ciudad que me encanta, para mí estar allí es como salir de una pequeña habitación a un lugar enorme en el que todo me llama la atención.

La primera vez que iba a ir me lo dijo mi hermana saliendo de una mesa redonda sobre literatura, no se me olvidará nunca. "¡¡Nos vamos a Londes!!". Ella pensó que me importaba un pimiento porque no reaccioné, pero fue todo lo contrario. Me quedé en blanco y no pude articular más que un leve "vale". Tengo muy buenos recuerdos allí (además de anécdotas muy graciosas) y un gran amigo al que algún día me encantaría visitar para que me invite a muchos cafés. Y de paso visitar Brighton. Lo único bueno que le encuentro a tener a los amigos lejos es volver a verlos.


Poco más tengo que contar. Agradecer a las amables personas que se pasaron ayer por casa, porque llevaba un par de días un poco desanimadilla y tener visitas me alegró. Sobre todo porque fue de las pocas veces que veo a C. sin que vaya a clavarme una aguja, lo cual me congratula. Me gusta que vengáis y S. eres bienvenida siempre que quieras (los demás doy por supuesto que ya lo sabéis).

Ahora me voy a hacer mis cosillas y mis lanas y mis historias.


Buen día a todas y todos.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Observar y razonar son dos constantes en mi vida que no puedo dejar, querido Watson

A mi abuela materna le gustaban las novelas de detectives y de misterio, en especial las de Agatha Christie, novelas que luego yo iba cogiendo de la estantería para leerlas cuando ella las terminaba. También le gustaba ver las adaptaciones cinematográficas de esas obras a la televisión o al cine, y yo recuerdo ver muchas de ellas a su lado en las tardes en las que nos quedábamos las dos solas en casa.

Mi abuela era todo un carácter. Llevaba la sinceridad a la enésima potencia y a veces no entendía su forma de ser, sobre todo cuando lo que recordaba de mi abuelo era todo lo contrario. Él era un hombre divertido y amable, el tipo de persona que te hace la vida más fácil. Mi abuela no, a mi abuela le iba la marcha. Una cosa típica era que cuando le preguntabas si algo le gustaba, la contestación era "¡No!" y tenías suerte si eso no iba acompañado de un comentario del estilo de que la falda que le habías enseñado te hacía las caderas enormes. Una vez cuando era pequeña me porté mal, así que ni corta ni perezosa sacó una maleta del armario, metió algunas prendas de ropa en ella, cogió la puerta y se fue. Al cabo de un rato durante el cual lloré desconsoladamente volvió, bajo la condición de que me portara bien. Nunca más, abuela, nunca más me portaría mal. Así se las gastaba ella. Sin embargo, detrás de ese fuerte carácter, tenía un ácido sentido del humor y cosas que, bajo mi ahora perspectiva adulta, eran muy graciosas. En las miles de tardes que nos quedábamos solas, me daba monedas para que bajara a la tienda y le comprara unos gusanitos y algo para mí. También le encantaba la gaseosa y explotar las bolas de los papeles de embalar. Le gustaba ver Historias para no dormir y Twin Peaks, y me dejaba verlos porque sabía que no me daban miedo y que entendía que todo aquello era ficción. No sólo no me creó ningún trauma, sino que se lo agradezco, confiaba en que yo era una niña madura para ciertas cosas. Mis padres intentaron que siempre me ajustara a cosas adecuadas a mi edad, pero no era fácil con una abuela como ella y unas hermanas y primas adolescentes. Pese a todo, diría que no salí tan mal.

A mi madre también le gusta la ficción sobre detectives y misterio. No sólo lee novelas de este tipo, sino que también es aficionada a las series de televisión de la misma temática, y con ella también he compartido eso siendo ya más crecidita, al igual que lo había hecho en mi niñez con mi abuela. Misterios, asesinatos, un inteligente detective de vida complicada en busca de la verdad.

Algo que mi madre siempre me ha fomentado mucho es la lectura, aunque nunca ha sido algo que costara mucho. Cuando de niña me compraba un libro, ese mismo día iba a junto de ella y le decía que ya me lo había acabado. Ella me decía que no podía ser, que tenía que espaciarlos más en el tiempo, pero no era mi culpa que los libros para niños tuvieran una letra enorme y yo leyera rápido. Un día me trajo un libro nuevo, no tenía dibujitos y la letra era de tamaño normal. Se llamaba "Estudio en Escarlata". Me encantó ese libro, sobre todo porque me fascinaba aquel extraño hombre llamado Sherlock Holmes, con sus sorprendentes características. Me marcó lo que decía de que él no acumulaba conocimientos que le parecían inútiles, que olvidaba lo que no le interesaba para ocupar la cabeza con cosas a las que sí encontraba utilidad. «Es de mayor importancia que los datos inútiles no desplacen a los útiles», decía. Aquello, en una mente de 10 años, daba mucho que pensar. Unos años más tarde mi madre me regaló toda la colección de libros sobre Sherlock, y me los leí del tirón. Ni que decir tiene que es un personaje que me gusta. Hasta mi gato tiene un nombre relacionado con él: el de su eterno rival.


He visto muchas adaptaciones de Sherlock Holmes al cine y a la televisión, pero cuando la BBC anunció que haría una miniserie de 3 episodios sobre el personaje pero con historias adaptadas a nuestro tiempo, me causó un poco de recelo. ¿Saldría bien? ¿No sería un proyecto demasiado arriesgado? Así que decidí que lo comprobaría por mi misma.


Me gustó el resultado, y además los índices de audiencia fueron más que buenos. Sherlock resultó ser un éxito y a principios de 2012 emitirán una segunda temporada. 

Ayer vi en Antena 3 el anuncio de que van a emitir la primera temporada. Será "próximamente". Personalmente la recomiendo, pese a que hay algo que me resultó un poco chocante del tercer episodio, aunque evitaré hacer spoilers. 

En cuanto a mis proyectos, sigo con lo mío. Ayer a las tantas terminé de tejer un cuello, falta únicamente coser el botón, la flor y rematar un par de hilos.


La foto salió un poco mal porque a mi móvil le cuesta hace fotografías en días tan oscuros como el de hoy, pero me gusta porque le da un aire antiguo. No se consuela el que no quiere.

Respecto a hoy, estoy orgullosa porque a mediodía intentamos hacer albóndigas por primera vez y salieron muy bien. Un milagro que entenderíais si viérais lo que hicimos con unos chipirones que compramos el otro día. Con lo mucho que me gustan y la masilla aceitosa que salió luego, qué pena. Aparte de eso no he hecho muchas cosas, sólo empezar una tarjeta de navidad (que he dejado a medias para venir a renovar) y calcetar un rato.


Con este tiempo uno no sabe qué hacer. Tenemos un videojuego nuevo, así que jugaremos un rato y luego iremos a dar un paseo (a ver si no nos mojamos demasiado), en ese orden o en el inverso. Estoy intentando salir a caminar un rato todos los días y por ahora llevo una buena racha, espero que dure. También contemplamos la posibilidad de ir al centro comercial a hacer un recado, peeeeeerooooooo.... algo me dice que estará lleno de gente y no llevo nada bien las aglomeraciones. L. es positivo y cree que no será para tanto, yo lo pongo en duda. Navidades + compras = locura. No sé qué le hace pensar que no será así. De todas formas, imagino que lo intentaremos, lo peor que puede pasar es que tengamos que salir de allí corriendo con los brazos en alto y cara de pánico.


Yo ahora he de dejaros, pues oigo intentos de conectar la consola acompañados de "No, sal de ahí, no muerdas eso, no, no, no, pórtate bien, fuera, pórtate bien, eso no se muerde, au, no, a mí tampoco se me muerde, eh, eh, no". 

Buena lluvia y viento a todos.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Buenos días

Ayer fue un buen día. Por la tarde tuve una brevísima visita de mi hermana, pero aunque duró sólo unos minutos, siempre se agradece que pase a saludar. Entregué dos bufandas que me habían pedido, lo cual me encanta por dos motivos fundamentales: porque alguien quiere lo que hago y porque voy acabando cosas en vez de acumular mil proyectos empezados.

Luego me fui al centro. Visité la tienda de lanas para echar un vistazo, y acabé comprando un par de ovillos. Son el mismo tipo de lana con los que hice la bufanda espiral, pero en otro color.

 

Después de mi pequeña compra entré en una tienda de ropa por primera vez en muuuuuucho tiempo: AÑOS 50. Los que no tengáis facebook para poder ver las fotos del enlace, podéis ver esto:


Es una tienda con cosas muy bonitas, os la recomiendo.
Más tarde paseé un rato bajo la lluvia y me tomé un chocolate caliente con helado de vainilla. Luego en casa estuve calcetando la bufanda para mi prima y también probé a ganchillar hilo (hasta ahora siempre había ganchillado lana) y me gusta bastante cómo queda.


Aún no estoy haciendo algo en concreto, sólo son pruebas, pero algo se me ocurrirá. Aprovecharé que tengo algunos ovillos de hilo de diferentes colores para hacer pruebas y a ver qué sale de ahí.


Me encantan los días así, tranquilos, agradables y sin sobresaltos, no como hoy. Ha venido el técnico a comprobar el teléfono, los de la antigua compañía a recoger el módem y también se ha pasado por aquí el casero, por no hablar de toda la mañana intentando resolver papeleos. Ya digo, intentando, porque tampoco he arreglado mucho. Qué le vamos a hacer. Quizás mañana vuelva a ser otro día de los buenos, y no simplemente regular, como hoy. 


Buen "¡mañana será un buen día!" a todos.

martes, 13 de diciembre de 2011

Enrolados

Me encanta jugar al rol. Sé que hay quien piensa que tiene mala fama, pero eso es una tontería. Es como cuando le echan la culpa de algo a la televisión, al cine, a los libros o a los videojuegos. Pues vaya.

El rol al que jugamos nosotros es parecido a un juego de mesa, pero en mi opinión mil veces más divertido. Os explicaría en qué consiste, aunque creo que iba a liaros un poco ya que no es fácil resumirlo, así que el que quiera más información puede pinchar en este enlace: JUEGO DE ROL.

Lo mejor del rol es que los personajes no tenemos guión, nos van poniendo en situaciones y las vamos resolviendo, como si fuera una obra de teatro (pero con todos sentados) en la que el guión lo vamos improvisando los personajes.

Actualmente tengo dos compañeros de rol, B. y C., y nuestro director de juego, que es L. Me lo paso genial jugando con ellos, de hecho nuestra última partida empezó a las 21.30 y acabó a las 3.30 de la mañana. Creo que con nada me río tanto como jugando con ellos.

B. es lo más de lo más. En nuestra primera partida juntas en el juego del Señor de los Anillos era una elfa que llevaba un calcetín para emboscar. Sí, sí, un calcetín. No me preguntéis por qué era un calcetín, no tengo ni idea. De hecho, mi personaje (un elfo) tampoco sabía ni siquiera que su calcetín era mágico, yo sólo sabía que estaba obsesionada con un calcetín que llevaba en el bolsillo y que de vez en cuando lo lanzaba en el bosque y se quedaba mirando para él o decía que volvíamos a buscarlo dentro de un rato. No emboscamos nada jamás, pero era curioso de imaginar: una elfa lanzando su calcetín en el bosque, un elfo que no entendía lo que hacía la elfa y un enano que pasaba de nosotros ampliamente pero que se había apuntado a la movida porque nos habían prometido un tesoro. Su elfa también tenía el poder de que la gente se quedara quieta y le contestara cuando ella hablaba cantando, cosa que mi personaje tampoco sabía. Una vez íbamos por un camino y oímos voces en el bosque. Llevábamos dos caballos que acabábamos de robar y nos desmontamos. De repente me dijo: "tranquilo, tengo una idea". Hizo que los caballos salieran corriendo hacia el lugar de donde salían las voces, de tal forma que nosotros nos quedamos sin transporte y los que estaban en el bosque vieron pasar dos caballos corriendo. Como eso no sirvió para nada (no sé por qué, era un plan maestro...) nos acercamos sigilosamente y vimos un grupo de hombres. Me dijo que permaneciera en la retaguardia, que tenía otro plan, así que me quedé a una distancia prudencial apuntándolos con un arco para guardarle las espaldas. Ella se acercó a ellos serpenteando y canturreando "Estate quieeeeetoooo, ¿cuál es tu nooooombreeeeee?", y claro, yo sin saber por qué narices estaba cantando a una panda de desconocidos armados. Pero lo mejor vino al final de la partida, cuando después de días buscando un cuerno supuestamente mágico que una anciana nos había pedido que encontráramos, pasando penurias, superando pruebas y demás aventuras, coge y decide tirar dicho cuerno al malo porque le estaba tocando las narices, con tan mala suerte que le salió una tirada crítica (o sea, lo lanzó con super fuerza) y se lo estampó al tío en el pecho, de tal forma que se le clavó y lo mató, rompiendo el cuerno en mil pedazos. Recuperó los trocitos de cuerno buscando entre lo que quedaba del pobre hombre, se limpió la sangre en el lago, sacó el calcetín, lo limpió también (sí, sí, amaba a su calcetín) y cuando le preguntamos que si volvíamos a donde estaba la señora que quería el cuerno o si pasábamos porque ya no teníamos nada que darle, contestó: "Siiiiiií, vamos, y le tomamos el pelo un rato, a ver qué nos cuenta". Y allí nos fuimos.

B: "Señora, hemos recuperado su cuerno"
Señora: "No, no lo tenéis, que es mágico y no puedo sentirlo, no está aquí"
B: "Lo tenemos... mmm... pero está escondido ¡y no se lo daremos hasta que nos diga para qué vale!"

Que pensaréis, ¿y qué más da para qué vale, si está roto? Es el saber por saber, que no ocupa lugar. Igual con superglue élfico podíamos reconstruirlo o algo.

Como os he dicho, B. es lo más de lo más, me encanta jugar con ella.

Mi otro compañero de juego es C. Es el gran señor de los hechizos, tiene poquitos pero hace virguerías con ellos. Con él estamos jugando a la Leyenda de los Cinco Anillos, juego situado en un lugar llamado Rokugan, habitado en su mayoría por clanes. Para que os hagáis una idea, Rokugan es bastante parecido al Japón medieval, pero con magia.


Pues bien, C. es un shugenja (un mago) del clan de los Fénix llamado Isawa Kamole. Antes de nada, os explicaré lo de los nombres. En Rokugan, como sucede en Japón, los apellidos van delante del nombre, y dependen de a qué familia de qué clan pertenezcas. Como C. es un Fénix de la familia de los Isawa, tenía que ponerse un nombre que fuera después de ese apellido. Viendo los nombres que ya habíamos escogido B. y yo para nuestros personajes (Agasha Te y Matsu Pial respectivamente, que así es más fácil recordarlos) escogió Kamole. Es como uno de los personajes que tuvo L. hace tiempo, que tenía un caballo que se llamaba Cólera, así decía que montaba en Cólera cada dos por tres.

Pero a lo que íbamos, cómo se las apañaba C. con los tres o cuatro hechizos que tenía. Estábamos participando en un torneo lleno de diferentes pruebas, y cada vez que era su turno para participar en una, nos dejaba anonadados con su inventiva. ¿Qué tenía que vencer a un luchador mejor que él? Hechizo de fuego a la empuñadura del arma del contrario para que se quemara. ¿Un duelo? Combina hechizos para conseguir lanzar al contrario una mezcla de gases con un olor exactamente igual al de un pedo (decidme que no hace falta imaginación para que se te ocurra eso) para conseguir dejarlo aturdido y tener un turno de ventaja. Luego le cogió gustillo a ese hechizo e intentó lanzar un pedo power de los suyos al Emperador, pero esa es otra historia. ¿Que tocaba una carrera? Convoca viento huracanado que enfoque justo a la cara del otro participante para que le cueste correr diez veces más que a él. ¿Que la carrera es de obstáculos? Alas de fuego al canto. Aunque el top de los tops lo consiguió en la prueba de poesía. Teníamos un par de minutos para componer un HAIKU y el suyo fue genial, dedicado a su amor por las rokuganesas entradas en carnes. De hecho, todos los haikus compuestos ese día los hemos puesto en los imanes de la nevera de casa por lo mucho que nos gustaron.

No sé cuándo podremos volver a jugar, pero lo estoy deseando. Qué ganas, qué ganas.

Fuera de mi frikimundo, decir que hoy se me metió en la cabeza esta canción y no se va.  No hay forma.


Os dejo, que mañana quiero entregar dos bufandas que me han encargado para un regalo de reyes, y tengo que empaquetarlas y hacerles unas etiquetas con los nombres.

Buen martes y 13 a todos.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Waka-wakalceta

Ayer viendo el telediario me quedé alucinada. Resulta que la calceta está de moda, o eso decía una de las noticias. Aquí tenéis el ENLACE. Lo de que sea lo último en Nueva York me hace pensar en una mezcla extraña entre Sexo en Nueva York y nuestras abuelas.

Lo cierto es que actualmente estamos viviendo un momento de remakes en muchos aspectos, ya sea en moda, aficiones, cine y demás. Hay quien dice que es por culpa de la crisis, porque la gente no se anima a innovar y porque al no haber dinero se intenta buscar cosas que te permitan ya no sólo gastar poco, sino que el resultado sea práctico. Pero tampoco penséis que calcetar es super barato, a no ser que pretendas hacer una prenda y parar. Si quieres continuar con la afición es cuando empiezas a ver que poco a poco estás haciendo una inversión mayor de la que habías imaginado en un principio, y ya no hablando de dinero sino también de tiempo, que las cosas no se hacen de un día para otro.

En mi caso empecé con unas agujas prestadas y compré un par de ovillos baratos. Ahora tengo el imperio de las lanas. Entre agujas de calcetar de varios tamaños, agujas de ganchillo también de varios tamaños, agujas redondas, bolsa de la calceta, bolsa para cositas pequeñas, tijeras, cajas para guardar las lanas para tenerlas protegidas del gato, botones, lazos, fieltro, pegamento de telas, hilo pequeño para coser, hilo mediano para ganchillar, hilos de lana para calcetar, abalorios, papel para envolver las bufandas, papel para tarjetas de las bufandas y un largo etcétera, es cuando me doy cuenta de que quizás la cosa se ha ido un poco de las manos. Aún así y pese a ser consciente de todo ello y no saber dónde la voy a meter, sigo pensando en comprar una máquina de coser baratilla.

Por suerte tengo el apoyo de donaciones que me ayudan a poder seguir con esto, ya que económicamente no podría habérmelo permido sola. Me han regalado lanas, restos de ovillos o de telas, la bolsa de la calceta, y también otras cositas que amables personas tenían por casa y me han dado desinteresadamente, así es que mi estante del salón está ocupado en un 98% con cosas que me han ido dando.


A veces me pregunto si me habré vuelto loca, otras creo que me habría vuelto loca si no hubiera buscado algo con lo que ocupar la cabeza. Hoy he estado mirando ofertas de trabajo y en la página dos ya están las ofertas de octubre. Os da una idea de lo poco que hay, ¿verdad?. Y eso que se supone que diciembre es un buen mes para encontrar algo. No sé, me llama bastante lo de ser bailarina de danza del vientre, aunque admito que también me gustan los que piden bilingüismo "habado".  Lo malo es que creo que a ninguno de ellos les gustaría yo.

 En fin, también intento dibujar para distraerme. Nunca se me ha dado especialmente bien, aunque de vez en cuando me gusta ponerme unos auriculares con música para abstraerme del mundo y garabatear un rato.

En una de mis visitas a la papelería, que no son pocas (el chico que trabaja allí sigue alucinando de que lo que me llevo no sea para una empresa, con eso os digo todo) compré un cuaderno para colorear porque acababan de regalarme un montón de lápices y rotuladores de colores. Suena raro, sí, y puede que lo sea, pero no sabéis lo que disfruto con él. De noche me siento en el suelo, ocupo toda la mesa de centro y coloreo hasta que me canso. Me hace gracia que, pese a que parece un poco regresión a la infancia, de niña no me gustaban demasiado los libros de colorear. Si tuve alguno, no lo recuerdo.



Como os he dicho, éste lo compré en una librería, pero si a alguien le interesa tener uno los podéis encontrar aquí: LIBROS PARA COLOREAR.
 


Después de este momento de tranquilidad musical, me voy a buscar vídeos en youtube de Shakira para aprender la danza del vientre. Es eso o comercial a puerta fría, y anda que no prefiero menear la cadera antes que ir de un lado a otro recibiendo portazos...

Buenas tardes y waka-waka a todos.


domingo, 11 de diciembre de 2011

Navidades, segunda parte

El otro día iba a hacer decoraciones navideñas con mis sobrinos pero entre siestas, meriendas y problemas logísticos no pudo ser. Sin embargo, os contaré lo que tenía pensado hacer con ellos por si alguien se anima.

ESTRELLA NAVIDEÑA
Lo más sencillo del mundo. Se coge un cartón viejo que se tenga por casa. Se dibuja una estrella, se recorta y se recubre de papel albal. Se le hace un agujerito, se pasa un hilo o semejante y listo para colgar.

BOLA DE NIEVE
Esto es un poco más complicado porque depende de que tengas una botellita redonda por casa. Se llena de agua, un poco de pintura o colorante y se le puede echar cualquier cosa que se quiera dentro: brillantina, estrellitas pequeñas plateadas (lo hay en muchas papelerías) o incluso trocitos pequeños de poliespán. Hace tiempo hice una parecida en casa de mi madre. Yo estaba mal del estómago, así que me habían comprado gatorade azul. Eché un poco en una vieja botella de colonia y cubrí la tapa con un trozo de tela y un poco de lazo. Pensaba usar esta botella para que los niños hicieran la bola de nieve.


BOLAS DE CARTULINA
Se coge una cartulina blanca, se dibuja cualquier cosa navideña, se recorta con la forma que se quiera, se hace un agujero, se pasa un hilo y se cuelga también donde quieras. Para darle un aire un poco más navideño podéis usar rotuladores dorados y plateados, aunque mi hermana me explicó sabiamente que algunos de esos rotuladores son tóxicos y que los niños pequeños no deben usarlos, así que lo que vaya en rotulador lo podéis pintar vosotros y dejarlo secar bien antes de devolvérselos o recurrir a lápices de colores en tonos dorados y plateados, que los hay. No brillan tanto, pero así no os llevaréis sustos. A mis sobrinos les encantan. También se puede hacer el dibujo que se quiera, plastificar la hoja y ponerla en una pared con un poco de esa masilla que luego es fácil de quitar (o eso dicen). Yo recomiendo plastificarlo porque hace años mi madre me dio unos dibujos navideños para que los coloreara y los plastificó para que le quedaran de recuerdo. Lo cierto es que aún sigue colocándolos cada año.
Otra opción para este tipo de adorno es recortarlo con tijeras que van dejando un borde ondulado. Como buena friki de artículos de papelería, yo tengo variedad de modelos.


 MINI PAQUETES DE NAVIDAD
Esto es una clásico navideño de mi familia. Mis padres no ponía árbol, pero mi madre trajo un año uno pequeñito de mentira para poner encima de una mesa. Mide, no sé, unos 30 centímetros, y los adornos son como pequeños abalorios rojos, parecidos a estos:


Pues bien, a los pies de nuestro mini árbol siempre poníamos mini paquetes de regalo. En realidad eran cajas de cerillas envueltas con un poquito de papel de regalo y lazo. Los poníamos juntos formando un montoncito de regalos pequeñitos.

PIÑAS DORADAS
Otro clásico navideño de mi familia. Cogíamos piñas de abeto del suelo cuando íbamos de paseo y mi hermana las dejaba secar bien y las pintaba de dorado.

Éstas son sólo algunas pequeñas ideas, pero hay millones de cosas que puedes hacer y a los niños les encantan, o al menos a mí me encantaban cuando era pequeña. Una de las cosas que también recuerdo que me dejaba alucinada era el belén de mi madrina. Tenía muchísimas piezas, en el suelo ponía musgo y arena, y el agua era papel albal. En la pared ponía un papel que era un cielo con un montón de estrellas pequeñitas y la estrella que seguían los reyes magos.

Estaba pensando que hoy hasta yo misma me noto demasiado ñoña. Bueno, qué le vamos a hacer. Si no puedes vencer, únete.


Buena hora de comer a todos.

viernes, 9 de diciembre de 2011

No, wii can't

Ayer me levanté contenta. Era difícil adivinarlo, pues cuando me levanto soy un completo zombie al menos durante media hora, pero me desperté con ganas porque iba a hacer una cosa que me apetecía muchísimo: jugar al nuevo Zelda. Para quienes no los conozcáis, la wikipedia los define como "una serie de videojuegos de acción-aventura (...) A lo largo de sus títulos se describen las heroicas aventuras del joven guerrero Link, que debe enfrentarse a peligros y resolver acertijos con los primordiales objetivos de rescatar a la Princesa Zelda, derrotar a Ganondorf y salvar su hogar, el reino de Hyrule".
He jugado ya varios juegos de la serie, y acaban de sacar uno nuevo:


Me prestaron amablemente una Wii para poder jugarlo y ayer iba a ser el día de empezar, pero por problemas técnicos no pudo ser y me quedé con las ganas. Otra vez será.

Hablando de videojuegos, esto me recuerda que aún no os he enseñado el regalo que me trajeron de Brighton. Es un imán para la nevera. Me encanta.


Pero volvamos al día de ayer. Como ya no podía jugar, me puse a hacer una especie de bufanda grande que tengo pendiente desde hace tiempo (tengo tantas cosas pendientes que a veces me olvido de algunas) pero no tenía ganchillos adecuados para ponerme a ello y empecé un tour por los chinos de la ciudad en busca de ganchillos gigantes. No sé por qué se me había metido en la cabeza que los había visto en un chino y cuando entro en modo cabezota es el acabose. Tras varias búsquedas sin éxito finalmente lo encontré en la otra punta de la ciudad en un bazar de lo más completo, y no me pude resistir a comprar varios. Es que eran tan baratos... y aún encima de colores.


Cuando llegué a casa me puse a trabajar, pero mi plan tenía un fallo: el patrón que pretendía hacer queda fataaaaal con lana gorda y no tenía internet en casa para buscar otro. De repente me ví con una wii y unos ganchillos, y no podía usar ninguna de las dos cosas. Seguro que a McGuiver se le habría ocurrido algo.

Cambiando de tema, ya os puedo enseñar la bufanda que no pude pone en la anterior renovación. Resulta que no es que desaparecieran las fotos, es que no las tenía. En mi línea, vamos. A veces no sé ni donde tengo la cabeza.



En una bufanda un poco caos, se enrolla sobre sí misma y tiene muchísimos colorines mezclados (creo que se parece un poco a mí).

Sólo falta encontrarle dueña. Ahora mismo tengo tantas bufandas en casa que tendría para ponerme una cada hora del día. Para variar un poco y no hacer siempre lo mismo, también he empezado una manta. Esa sí que va a tener colores. Para hacerla me he inspirado en ésta. También quiero hacer cositas con las telas que tengo, aunque eso tendrá que esperar hasta las rebajas, cuando pueda comprar una máquina de coser sin que me destroce el presupuesto. Soy pobre, qué le vamos a hacer.

¡Vaya, qué horas, si tengo que irme a comer! Pero antes, un apunte para uno de mis cuñados, que el otro día estuvimos hablando de música. El libro que te dije que quería leer era éste, que luego me olvidé de apuntarte el título: Por favor mátame, la historia oral del punk.

También estuvimos hablando del Glam y de David Bowie. Cómo me gusta Bowie...


Buen viernes, gente.

martes, 6 de diciembre de 2011

Constitution Day

Día que no es domingo, pero lo parece. Me pregunto si hoy abrirán los centros comerciales o si lo harán pasado mañana. Desde que me he mudado no me entero de esas cosas. Por donde vivo no hay luces de navidad ni tiendas de ropa de esas de las que hay varias en cada ciudad. Lo que sí hay a montones son 24 horas, pero tampoco son de los de cadenas comerciales, son las típicas tiendas no muy grandes pero que tienen de todo para emergencias. No sabes lo útil que es una tienda así hasta que tienes no una, sino varias cerca de casa.

El bar hoy está prácticamente vacío. Hay una mesa con señoras cotilleando y el que parece ser el marido de una de ellas leyendo el periódico con resignación. El camarero jugaba al ajedrez con una clienta hasta hace un momento. Ahora simplemente hablan. En días como hoy parece que se ha parado el mundo.

Pero no se ha parado, no, simplemente está descansando. Hoy es el día de la Constitución, esa ley de leyes que conozco más de lo que nunca habría pensado que podría conocer. Si hace unos años me dicen que me la iba a estudiar y algunos artículos hasta saber recitar, me habría quedado con ojos como platos. Hoy lo recuerdo con humor, no porque la Constitución sea divertida, sino porque recuerdo las horas con mis chicas de la academia. Las echo de menos, pese a algunos momentos malos que tuvimos que pasar, siempre digo que mi primer trabajo deja el listón muy alto para otros que vaya a tener en el futuro en cuanto a lo que compañeras y compañero se refiere. Así que en vez de pensar en valores superiores del ordenamiento jurídico y qué artículo de qué capítulo de qué título regula esto o aquello, hoy me acuerdo de mis niñas. Pero no, no me he olvidado del todo de la Constitución, ¿eh? Que me sé de más de una que me canearía si lo hiciera...

Aparte de las cuestiones constitucionales, hoy también he dedicado el día a ganchillar. Me he visto inmersa en un mar de dudas. El otro día estuve mirando páginas de lanas en cientos de colores que no sabía que existían. Me quedé bastante alucinada, pero ayer estuve hablando con alguien que me planteó una cuestión que me dio mucho más aún que pensar. Me encargó una cosa y cuando hablábamos de los colores le dije que tenía varias lanas verdes. Le pregunté si le parecía un color adecuado para lo que quería y me contestó: "Si es un verde bosque sí, pero un verde billar no".


Estuve comparando colores, hice pruebas con una lana, pruebas con otra, le pregunté a L., y casi bajo a buscar unos recreativos a ver si era verde billar, verde botella o verde. Porque simplemente verde tampoco, tiene que ser verde bosque. ¿Pero bosque en qué época del año? Me olvidé de preguntarle. Iba a hacerle fotos a diferentes versiones de verde y enviárselas a ver si valía, pero con el móvil el verde se ve distinto...
¡¡¡Por el amor de dios, soy virgo!!! No puedo con esta intriga. Después de tanta duda recordé una cosa que había visto hace tiempo: COLORES. De acuerdo con ese enlace, mi apreciación de los colores se parece más a la teóricamente masculina que femenina. Recuerdo que una vez Abel me dijo cuál era el nombre del color que de siempre es y ha sido mi color favorito: azul petróleo. Yo le llamaba turquesa oscuro. Ni sabía que mi color tenía un nombre. Qué cosas.

Hablando de cosas nuevas que he aprendido, acabé hace poco otra bufanda. Nunca había hecho una de esta hechura. Yo le llamo bufanda churro porque se va enchurrando a medida que la vas haciendo, pero se llama bufanda espiral.


Para practicar he hecho otra parecida pero con lanas más gordas y según me han dicho, más hippy. Iba a enseñárosla, pero misteriosamente no encuentro las fotos de esa bufanda. Otro día será.

Caray, acabo de apartar la vista del ordenador y de repente el bar está lleno. Ya no parece un día parado en el tiempo.

Feliz de puente a puente y tiro porque me lleva la corriente a quien lo tenga. A los demás, feliz semana de ahora trabajo, ahora no.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Comer, comeeeeeer

Fin de semana de enchentas. Comer, comer, comer, comer en cantidad. De eso sabemos mucho los gallegos. Ayer nos dedicamos a los embutidos caseros, callos, tortilla, ensalada, café de pota, pasteles de crema, bombones y bombones y también bombones. Hoy iba a ser en plan modesto, un poco de pasta con atún y tomate... pero no. Finalmente no. Bajamos a la parrillada de la calle de al lado a coger comida para subir a casa. Unas almejas con un barril de salsa que devoramos con una barra entera de pan y de postre churrascazo con patatas. Y café, y algún pastel que otro, y se coló algún polvorón en el menú. Y todo esto ¿sabéis por cuánto? 17 euros en comida en todo el fin de semana. Somos unos genios, no podéis negarlo.

Lo malo es que con tanta comida he tenido que arrastrarme hasta el bar para renovar, estoy tomando una tónica y he rechazado las tapas. Bueno, no, eso nunca se hace. Las he aceptado y las he donado, como me enseñaron que siempre debía hacer. Ahora debería leer el correo, pero al intentarlo me he asustado: 100 mensajes sin leer. 100. Ni más ni menos. No tengo suficiente ánimo ni batería para enfrentarme a eso. Además, creo que en breve comienza un partido. Se nota porque los señores empiezan a ocupar el bar. Anda que no tengo puntería para bajar...

Lo que me apetece es volver a casa, ponerme mi chaqueta vieja, mis calcetines de lana y seguir viendo la peli que interrumpí para bajar antes de que haga más frío.


Estos calcetines, que en la foto luce mi sobrina (no es que los calcetines sean gigantes, es que ella es pequeña) han sido mi salvación estos días que empieza el frío. Los trajeron mis padres hace muchísimos años de un viaje y los hizo una tal señora Dolores. No tengo ni idea de quién es, pero milagrosamente pese a mi cabeza de chorlito, eso lo recuerdo. El caso es que llevaban añísimos guardados en un cajón, los he rescatado y me encanta usarlos. Nunca jamás había andado descalza por casa (es una costumbre que a mi madre no le gustaba, algo normal si tenemos en cuenta que me acatarraba 216 veces por invierno) pero ahora lo hago y me gusta, sobre todo usando unos calcetines que son un armas poderosas contra los pies congelados. Consiguen acabar con las estalagmitas que se crean en mis pies cada temporada de frío, cosa impensable con cualquier otro calcetín. Gracias, señora Dolores, seas quien seas, estés donde estés.

Por cierto, la primera bufanda que hice ha sido estrenada, ¡yujuuuuuu! Ahora me doy cuenta de que me quedó un poco deportivista. No era mi intención, más bien eran restos de lanas que aproveché para hacer una especie de bufanda corta, también llamada cuello. Tiene un botón que parece que la sujeta, pero es de adorno, realmente se une con un broche oculto. Lo importante es que ya hay alguien usándola y eso me encanta, sea deportivista o no.



Bueno, y por hoy esto es todo, que acaban de desplegar la pantalla gigante y subir el volumen, es hora de huir.

Buen partido a quien lo vea y a quien no, buena sombra le cobije.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Érase una vez

Más de 4 millones de personas en este país tenemos mucho tiempo libre.
 Si leéis esto entero, gracias, vuestra acción le dará algo de sentido a mi aburrimiento. Si no lo leéis tampoco pasa nada, es sólo una historia sin terminar. Buen viernes a todos por adelantando.

En un lugar desconocido, en una época indeterminada había una pequeña aldea cerca del mar.

Todos vivían modestamente, no tenían mayores problemas y procuraban ayudarse unos a otros. Sin embargo, la tranquilidad del pueblo se vio revolucionada con la llegada de un hombre rico a la zona. Levantó una casa diferente a todo lo que habían visto antes y todos desconfiaban y lo admiraban por igual. Aún así, procuraban que estuviera contento porque encargaba labores a los habitantes y sus remuneraciones por el trabajo eran más que generosas.

Un día un pescador de la zona llamado Obrerus, desesperado por la pérdida de su barco en una tormenta, acudió al hombre rico, llamado Bancus, para pedirle ayuda. Obrerus le expuso su caso y le pidió un préstamo, prometiéndole que cuando volviera a pescar le llevaría pescados a diario. Bancus le contestó que a él no le gustaba mucho el pescado y que desde luego no lo comía todos los días, así que sintiéndolo mucho tenía que rechazar su propuesta. Obrerus, al borde de las lágrimas, le dijo que si le daba el dinero le devolvería la cantidad íntegra más una cantidad a determinar por el hombre rico para agradecerle su buena fe. A Bancus le interesó la oferta. De hecho le interesó tanto, tanto, que a esa pequeña cantidad compensatoria la llamó “interés” en el contrato que firmaron en presencia del alcalde de la aldea, máxima autoridad del lugar.

Los demás habitantes del pueblo celebraron la generosidad de Bancus y empezaron a llevarle regalos y tratarlo muy bien, pues no sabían cuándo iban a necesitar ellos un favor.

 Al principio la gente sólo acudía a él cuando era estrictamente necesario, pero al cabo del tiempo empezaron a acudir para cuestiones más triviales. Bancus no se negaba, pues de una forma u otra recuperaría el dinero ya que tenía contratos que contaban con la aprobación del alcalde. Creía que su método sería infalible.

Una tarde, un hombre llamado Despilfarrus rompió sus esquemas. Le pidió un millón de monedas de oro porque quería montar un mercado más grande que cualuquiera jamás visto, uno que atrajera la presencia de los habitantes de todas las aldeas de la comarca y más allá. Bancus se reunió con el alcalde y discutieron el tema, pero pronto llegaron a acuerdo: Bancus podía aprovechar la presencia de más gentes para ampliar su negocio y con ello su riqueza (pues había comprobado que aquel “interés” le reportaba más oro del que pensaba) y el alcalde creía que el mercado daría trabajo a algunos aldeanos que había perdido su cosecha aquel invierno y la presencia de extranjeros supondría más ingresos a las arcas. El único problema que veían era qué pasaría si la idea de Despilfarrus no triunfaba y no podía pagar su deuda,  pues Bancus no quería perder su fortuna y al alcalde no le convenía perder al hombre más rico de la aldea, aquel que le había regalado cosas increíbles que un pobre alcalde jamás habría soñado con tener. Así, después de muchas horas pensando, se llegó a un acuerdo: la deuda de Despilfarrus debía de ser pagada por él y, en caso de no poder satisfacer la deuda antes de su muerte, ésta sería pagada por los descendientes de Despilfarrus hasta cumplir el acuerdo.  Así, se construyó el gran mercado y fue un éxito. Despilfarrus se convirtió en un hombre muy rico y emprendedor. Entendió que el préstamo que le había proporcionado su lujosa vida era un buen sistema para imponer en su mercado y lo convirtió en algo habitual. Todos los habitantes de la aldea, independientemente de su trabajo o sus ganancias, tenían un documento en su poder que les permitía comprar cualquier cosa en el mercado e ir pagándola poco a poco en los plazos que quisieran.

Todos estaban muy contentos porque gracias a Bancus y Despilfarrus la pequeña aldea ya no tenía nada que envidiar a la Corte. Sin embargo Bancus no estaba tan contento con la situación, ya que ahora todas las deudas (y por tanto todos los intereses) iban a parar a las arcas de Despilfarrus y su capital había dejado de crecer, así que ideó un nuevo plan. Reunió al alcalde y a Despilfarrus y les propuso la madre de todos los contratos: Bancus le daría a Despilfarrus en ese mismo momento todo el dinero que le debían los aldeanos, es decir, le compraría las deudas de los vecinos.  A cambio,  Despilfarrus también le pagara el “interés” correspondiente. Despilfarrus pensó que si recuperaba todo el dinero que le debían sus clientes en aquel momento podría seguir construyendo más y más mercados. Con un poco de suerte Bancus seguiría haciendo la tontería de comprar las deudas y el antes humilde Despilfarrus se convertiría en el hombre más rico del mundo. Justo en el momento en que discutían todas estas cuestiones, interrumpió en la sala el hombre más anciano del pueblo, llamado Leopoldus. Empezó a llevarse las manos a la cabeza, preguntándoles que qué estaban haciendo con la aldea animando a la gente a gastar dinero sin ton ni son, muchas más monedas  de las que podían proporcionarles sus cosechas en treinta años. ¿Qué pasaría un año de sequía, o de tormentas? ¿Qué harían con los aldeanos que no pudieran pagar? ¿Quitarles sus casas o perder ellos dinero?

“Nooooooo” –dijo- “Vosotros no estaréis dispuestos a perder vuestras valiosas monedas cuando las cosas vayan mal, alimañas. El tiempo de los ninjas vendrá, la gente no podrá pagar, les arrebataréis sus casas…” Los guardas del alcalde le interrumpieron y se lo llevaron de allí. Los tres hombres reunidos le tomaron por loco y firmaron un acuerdo ignorando las palabras del anciano.

Años después, la profecía de Leopoldus se cumplió. La situación se hizo insostenible, los aldeanos no tenían dinero suficiente para pagar las deudas, algunos habían perdido su medio de vida o su casa, el mercado de Despilfarrus se quedó vacío y él tampoco pudo pagar las deudas que tenía con Bancus, y éste los miraba a todos desde su mansión, preguntándose cuándo llegaría la visita temida. Sabía que vendrían a por él, pero no sabía si le pedirían explicaciones o no. Veía las miradas de odio de los aldeanos, pero no eran ellos lo que le preocupaba. No, alguien más se dirigía a su casa. Alguien más poderoso pero que también había usado el sistema de Bancus con idénticos resultados.
Un día cualquiera de un mes cualquiera, la visita llegó. Europus y Derriesgus entraron por la puerta con prisa y gestos de preocupación. Unos pasos por detrás, les acompañaba el alcalde. Europus rompió el silencio:
“Bancus, alcalde, ustedes nos has puesto en una situación peligrosa. La prima Derriesgus dice que la situación en tu zona está fatal, mucho peor que en la zona en la que vive tu hermano Bancussën. Debemos tomar ejemplo de ellos, hablar con su alcaldesa y buscar soluciones.”
Bancus asintió con gesto serio, pero interiormente se sintió aliviado. Él estaría en una situación grave, pero podía ser peor. Sólo había que pensar en cómo le había ido a su hermano pequeño Bankik en la isla de hielo…