miércoles, 29 de febrero de 2012

Locuras transitorias

Ayer, cuando Laor entró por la puerta, lo primero que dijo fue: "¡Cómo te pasas!". Al parecer, la casa olía como un hospital de tanto que había estado limpiando. Venía el casero por primera vez al piso en un año, así que quería que se encontrara todo perfecto, y parece ser que fui demasiado lejos. Lo peor es que lo hice tan concienzudamente que era evidente ya sólo del olor aséptico que te golpeaba nada más abrir la puerta, y Laor intentó hacerme entrar en razón explicándome que así conseguía el efecto contrario, que era que el casero llegara a pensar que tuve que limpiar un montón de golpe porque él iba a subir, cosa que no es cierta. ¿Que qué hice para arreglarlo? Pues para contrarrestar el olor a ultralimpio, me puse a cocinar. Para cuando llegó el casero parecía que estaba haciendo cena para 15 personas. Y ahí es cuando me di cuenta de dos cosas: una era que había heredado algo de mi madre que vino de golpe y con demasiada virulencia, y dos, que me estaba comportando como una loca, lo cual me hizo muchísima gracia. Eso sí, disfrutamos de la cena y sobre todo riéndonos de cómo se me va la olla a veces. Por suerte tengo mucha facilidad para reírme de mí misma, y Laor ni os cuento la que tiene para encajar con mucho cachondeo las cosas raras que se me da por hacer.


Para redimirme, hoy ni siquiera he hecho la cama. No he tocado un solo producto de limpieza, pese a que acabo de recordar que ahora que vuelvo a tener lavadora, debería ponerla. Ufff, quizás más tarde. Ni tanto ni tan calvo, lo sé, pero es que tampoco tengo ganas de hacer nada de eso hoy. En líneas generales hoy estoy sin ganas de nada. De esos días que ni frío ni calor, ni quieres hacer ni una cosa ni la otra, ni ambas. Estoy muy espesa, vamos. Aún así, después de comer me puse a acabar la bufanda que empecé el fin de semana. 





Ahora, a otra cosa. Me he puesto a contar, y resulta que aún me quedan 7 labores empezadas que me gustaría ir terminando antes de ponerme con nada nuevo.

En fin... Que hay días y días. Creo que lo que me queda de tarde me tomaré las cosas con calma, avanzaré un poco con algunas de esas labores, iré a la compra y luego a descansar. Mañana será otro día con algún brote de locura nuevo.


Buenas y tranquilas tardes a todos.

martes, 28 de febrero de 2012

Jesus Christ!!

Hace unos años, a comienzos de verano, me fui a Londres con mi cuñado, mi hermana y mi sobrino. Mi cuñado iba principalmente por motivos de trabajo, y para él era un viaje importante, ya que iba a encontrarse con uno de sus escritores favoritos, había quedado con algunos amigos, incluido un amigo de su juventud al que hacía años que no veía, y era la primera vez que llevaba a su hijo al lugar donde él había nacido. 

En general aquella semana fue bastante caótica. Muy divertida, sí, pero caótica. Había mucho que hacer y llevábamos con nosotros a un bebé de unos 7 meses. 

Mi cuñado había quedado un día con el escritor porque iba a traducir uno de sus libros. Él, muy amablemente, había planeado una tarde en su casa con té y una tarta que había hecho personalmente para nosotros. Quedaron en reunirse un rato a solas para hablar tranquilamente del libro y que más tarde nos reuniríamos el resto de la familia. Nos dirigimos al norte de Londres y, mientras mi cuñado iba a casa de dicho escritor, mi hermana, mi sobrino y yo esperamos en un bonito café lleno de libros. Teníamos un papel con la dirección de la casa a la que teníamos que dirigirnos a la hora convenida. No ví a mi cuñado muy seguro de que no nos perdiéramos, pero tenía que irse y mi hermana insistió. Malo sería que no consiguiéramos llegar. Malo sería, sí...

En aquel café estuvimos charlando animadamente y, cuando llegó la hora, nos dispusimos a buscar la casa. Sin embargo, hubo un pequeño problema. La casa estaba situada en una preciosa urbanización, la más bonita en la que he estado en mi vida, pero allí había cientos de casas tremendamente parecidas y casi no había indicaciones, o no fuimos capaces de verlas, no lo sé. El caso es que ya llegábamos tarde y empezaba a llover, por lo que mi hermana decidió que había que solucionar aquello cuanto antes y al parecer a cualquier precio, así que con una seguridad pasmosa y una gran duda por mi parte, afirmó que una de aquellas casas era a la que debíamos ir. 

Antes de dejar a mi hermana llamar al timbre, tengo que aclararos algo, y es que mi cuñado se llama Xesús. Para quienes no lo sepáis, en inglés "Jesus" es el nombre del hijo de dios, no hay la tradición que tenemos aquí de utilizarlo como nombre de persona. Una vez dicho esto, continuemos con la historia.

Mi hermana llamó al timbre. Abrió una mujer de mediana edad, de melena rubia rizada mezclada con algunas canas (jamás olvidaré a aquella pobre señora), y se encontró a mi hermana empapada bajo la lluvia y a mí con un carrito de bebé unos pasos más atrás. "Excuis mi, güi ar luquin for Yisus, ji is jiar, ¿no? Ai cinc dis is de jaus" fue lo que dijo mi hermana. La señora, con la típica educación inglesa y miedo en los ojos, le respondió que no. "No, no, wi jaf de adrés, it is dis, luc, luc" insistía mi hermana con un papel empapado en el que apenas se leía ya nada. Yo no daba crédito a lo que estaba viendo y, lo admito, tampoco pude mover un músculo de la estupefacción. De repente apareció el hijo de la señora, y mi hermana, una vez más, les dijo a aquellas pobres personas que estaban tranquilamente en su casa que el hijo de dios tenía que estar en su domicilio porque lo decía un papel mojado emborronado. El joven intentó cerrarnos la puerta, aunque por suerte la señora, a la que le debimos de dar pena (o le dio pena que un bebé estuviera en manos de un par de locas), intentó descifrar el papel y nos dijo que teníamos que ir unas calles más arriba.

Al salir del jardín de aquella casa, vimos a dos figuras con paraguas dirigirse a nosotras. Era mi cuñado acompañado por el escritor, quienes preocupados por la lluvia y lo mucho que tardábamos, habían salido a buscarnos. Les contamos lo que había pasado, y nunca me habría imaginado que para una vez que tenía el placer de conocer a uno de los más importantes escritores actuales, sería intentando contener la risa por culpa de una de nuestras aventuras. Después nos llevó a su casa, nos dio té y tarta, no enseñó su hermoso jardín y, cual caballero que es, nos trató a ambas como si todo aquello no hubiera pasado. Mi cuñado... bueno, mi cuñado ya está acostumbrado...


Sin duda, aquel momento se convirtió en mi anécdota favorita de todos los tiempos.


¡¡Feliz cumpleaños, Xesús!!

lunes, 27 de febrero de 2012

Comer, coser, vaguear

Ayer intenté ver algo de los Oscar en internet. Sin embargo, me olvidé de la preparación previa que eso requiere, o lo que es lo mismo, no había tomado suficiente cafeína ni había dormido una siesta previamente. A las 2:30 tenía una borrachera mental de vestidos y posados, la Gala no había ni empezado, y no podía evitar estar quedándome dormida. En conclusión: no vi los Oscar, aunque sí pude ver en directo cómo Sacha Baron Cohen esparcía las supuestas cenizas de Kim Jong-il en la alfombra roja. Muchos decían que los Oscar no son el lugar apropiado para hacer promoción de una película. Vaya. Y yo que pensaba que era una Gala precisamente para promocionar el cine... Sea como fuere, a él le hicieron un favor con el juego que se trajo la organización de "no le dejamos ir/le dejamos ir".

El caso es que he vuelto a ganar la porra de los Oscar, sólo se me escapó guión adaptado, que aposté por La invención de Hugo. En los Goya habíamos hecho también porra, pero hubo empate, así que esta era la ocasión de ver quién era el ganador definitivo. Menos mal que me he librado, pues no apostábamos dinero, y de haber perdido me habría tocado hacer algo que odio bastante.

En general ha sido un fin de semana tranquilo, aunque no hemos paseado tanto como otras veces, por culpa de catarros y otros males. De todas formas el sábado a mediodía aprovechamos para ir a Sualá (qué maja es siempre Susana) a comprar unas lanas para una nueva bufanda que me han pedido. Me encanta ganchillar lanas gordas, ya he avanzado un montón.


 Después me pasé por una tienda llamada El sombrerero loco, que no conocía hasta ese día. Me compré una chapa, y al ir a pagar, me dijeron que cerraban este mismo miércoles. Me dió mucha pena, aunque al parecer van a seguir a través de facebook. Algo es algo.


También fui a la Casa da Xuventude del barrio, a coger una programación del primer trimestre. No sé, me voy a pensar si hacer algún curso mientras aún me consideran joven, cosa que me sorprendió. Estoy cansada de ver que en algunos sitios, en cuanto pasas de 30 años, ya no eres joven. Aquí me dejan hacerlos hasta los 35, lo cual me alegró la tarde.

En general, he de admitir que cuanto más la conozco más me está gustando mi nueva ciudad.

Por lo demás, estuvimos cosiendo, cocinando, comiendo (¡por fin comí cocido!) y haciendo el vago.




Por cierto, querida R., ¡bienvenida a Galicia de nuevo! Espero verte en pocos días y que te cunda el poco tiempo que tienes para tantos planes pendientes.


Y a los demás también, buen comienzo de semana a todos.

domingo, 26 de febrero de 2012

El lugar de los sueños

La primera película que me llevaron a ver al cine fue Amadeus, cuando tenía 5 años. Dicen quienes lo recuerdan que me porté muy bien. Así empieza mi historia de amor con el cine, de una forma extraña. 

Creo que pudimos haber sido de las primeras familias de la ciudad que tuvieron un reproductor VHS en casa, porque en mi niñez no había apenas videoclubs y recuerdo que nuestra tarjeta de socios, hecha de un pequeño cartón cutre, tenía nuestro número de registro: el 9. Muchos fines de semana me llevaban al videoclub y me dejaban alquilar una película. Después de ver casi todas las infantiles escogí mis favoritas y, como la mayoría de los niños hacen aún hoy en día, las veía una y otra vez.

Cuando tenía 12 años empecé a comprar la revista Fotogramas. La conocía porque la había visto alguna vez en casa de mis padrinos. Mi padrino era la persona más cinéfila que conocía de todas las que me rodeaban a esa edad: él tenía muchas películas en casa, el Canal + y hasta veía los Oscar. Sé que dormía la siesta porque a veces no dormía bien y me lo imaginaba en el silencio de la noche viendo películas y películas. Recuerdo que tenía una caja que ponía El Padrino con varias cintas VHS dentro, lo cual me parecía de lo más apropiado, porque tenía dos ahijadas, C. y yo. Tardé un tiempo en saber qué había en realidad en aquellas cintas. En mi niñez veía a mi padrino como alguien a quien admirar, con carisma, al que le gustaba viajar, que disfrutaba de la buena vida, el que me tomaba el pelo, el que me dejaba agarrarle la barba desde que yo había nacido. El hombre que escuchaba música que yo no había escuchado nunca y veía películas que yo no podía ver, el hombre con el que aún sueño algunas noches en las que lo abrazo todo lo fuerte que puedo porque no quiero que vuelva a marcharse.

Durante muchos años, desarrollé una gran afición al cine. Seguía comprando revistas y alquilando películas, descubriendo un mundo de sueños en el que podía vivir otras vidas durante un par de horas. Descubrí el cine antiguo, los jóvenes directores, los que se convertirían en clásico, los que hicieron malas películas. Con 15 años, cuando muchas chicas tenían a Alejandro Sanz en sus paredes, yo tenía un poster de Pulp Fiction. Comencé a comprar algunos libros y tomé la decisión: yo quería formar parte de aquello. Estudiaría Imagen y Sonido, quería crear sueños para otros como algunos había creado sueños para mí. Sin embargo, la vida me llevó por otros caminos y no conseguí entrar en la Escuela. Me matriculé en una carrera que nada tenía que ver con aquello y durante un tiempo me enfadé con el cine. Dejé de comprar revistas y libros. Casi no iba al cine. Necesitaba un periodo de luto para mi sueño.

Mi madre, sin embargo, comenzó por su cuenta y sin que yo se lo pidiera a comprarme el Speak Up, una revista para aprender inglés que con cada entrega traía una película en versión original. Hasta aquel momento me había resultado casi imposible ver películas en la lengua en la que se habían rodado. Poco a poco el cine y yo volvimos a hacer las paces. No todas las películas del Speak Up eran buenas, pero alguna se salvaba. Con el tiempo me haría socia de algún videoclub más, empezaría a coger películas en la biblioteca, llegó el DVD a mi vida y, por fin, llegó Internet. Con la red llegaría la reconciliación definitiva, pues no me puedo resistir a un exceso de información y la curiosidad me hizo volver al cine. Ya no es como antes, no me paso un día entero en casa viendo películas ni leo libros sobre cine, pero aún así a veces vuelve la magia y recupero esa sensación tan especial que te proporciona una buena película. La pena es que en los últimos años parece que el cine es negocio, y no un arte.

Esta noche son los Oscar, que es una noche que me trae muchos recuerdos. Las noches de mi padrino, las listas que venían en el Fotogramas, la vez que ví un especial horas antes de la entrega desde un pequeño hotel londinense en mi primer viaje fuera de la península, las porras de mis amigos, quienes siempre me decían que el siguiente año no me iban a dejar participar porque he ganado todas. De las nominadas de este año, he visto The Artist, La invención de Hugo, Midnight in Paris, y curiosamente estas tres películas afrontan, aunque de forma y con estilos muy diferentes, una cuestión común: la temporalidad del arte. Aparecen nuevas técnicas, nuevas formas de narración, nuevas formas de expresión, nuevos públicos. Sin embargo, quien ama cualquier tipo de arte suele tener ese sentimiento que nos hace pensar que quizás cualquier tiempo pasado fue mejor. Quien piensa que es mejor que los que le abrieron el camino es un necio. Pero la cuestión es: ¿qué hacemos ante eso? ¿Nos adaptamos a lo nuevo? ¿Nos cerramos en banda y nos quedamos anticuados a riesgo de caer en el olvido? ¿Cómo combinamos lo viejo y lo nuevo para crear algo especial? No olvidemos que nuestro pasado fue el presente de otros, y nuestro presente mañana será pasado. 

Bueno, yo no tengo respuestas. Sólo sé que, para mí, el cine antes que negocio es oficio y, mientras sea tratado como tal, será mi lugar de los sueños en el que olvido todo lo que me rodea, hasta mi existencia misma.

 Os recomiendo cualquiera de esas tres películas, por cierto.


Buenas noches de pequeñas estatuillas doradas a todos.

viernes, 24 de febrero de 2012

Hacer y deshacer

¡Por fin es viernes! Un soleado viernes, en el que me pregunto si no va a llover jamás. Me encanta que haga sol, me pone de buen humor, pero la falta de lluvia de este año empieza a ser un poco preocupante. ¿Entonces cuándo va a llover? ¿En verano? Mmmmm, eso no mola. Ahora ya me he resignado y asumo que este año tampoco podré jugar en la nieve. Una pena, hasta me había traído mis botas de agua por si acaso.

Ayer por la tarde encontré un ovillo. Me lo dió mi madre hará cosa de un mes o dos, que lo tenía por ahí perdido, supongo que sobró de alguna labor hace tiempo. El caso es que me lo traje a casa y ya lo había olvidado, y ayer cuando lo encontré me pregunté qué se podía hacer con un solo ovillo. Cogí el ganchillo más grande que tengo y me puse a investigar. 

La cantidad de lana no daba ni para hacer un cuello, quedaría muy escaso, así que decidí probar algo nuevo. No estoy satisfecha al 100% con el resultado, pero hacer pruebas siempre es algo positivo: hacer, deshacer, desesperarse, ahora bien, ahora se atora... es la mejor forma de aprender. En este caso yo intenté hacer un bolso pequeño, que para eso sí me daba la lana. Lo mejor de todo es que se hace en una tarde, no necesitas más tiempo para tenerlo terminado. Dudo mucho que lo vaya a usar jamás, pero ahí está, el primer bolso que intento hacer con ganchillo. No es mi estilo, y vendrán otros más grandes, más coloridos y más divertidos, pero éste tiene el mérito de haber sido el primero.


Hoy no tengo tiempo para mucho más, tengo que arreglar papeleos y mira qué hora es. Cada día me llevo peor con la burocracia. Qué le vamos a hacer...


Buenos y burocráticos días a todos.

jueves, 23 de febrero de 2012

Re-nuevo

¡Buenos días! 

Estoy de buen humor, pese a tener muchísimas agujetas. Ayer estuve poseída con una especie de enajenación mental temporal que me llevó a pasarme la tarde limpiando. Fregoteé hasta decir basta, lo que se suele llamar un zafarrancho de limpieza general. Lo malo es que no he terminado y que hoy me cuesta bastante moverme. Lo bueno es que si no sigo hoy seguiré mañana, al menos lo más gordo ya está hecho. Tengo que aprovechar estos ataques de energía cuando los tengo, esos momentos de "hacer, hacer, hacer" que no pasan con tanta frecuencia como me gustaría.

Hoy os voy a dar sugerencias sobre qué hacer cuando tenéis una prenda de ropa que no queréis. Muchas veces el primer impulso es tirarlo a la basura, pero antes de desechar algo por completo, estaría bien descartar otras opciones. 

La primera opción a tener en cuenta es que puede que una prenda que vosotros no queréis, otra persona cercana sí la quiera. Yo, al tener hermanas mayores, he ido heredando a lo largo de mi vida prendas que a ellas ya no les servían, y no me avergüenza decir que sigo recibiendo ropa de mis hermanas a día de hoy. De vez en cuando, sobre todo mi hermana P., me manda una bolsa con cosas que ella ya no utiliza para que la revise y coja lo que quiera. Tengo tres o cuatro jerseys que fueron de ella, algún pantalón, faldas, vestidos, chaquetas y varias camisetas. Cada vez que me manda una bolsa me encanta, porque mi hermana cuida mucho su ropa y está como nueva, le gustan tonos que a mí también me gustan y tenemos una talla similar. Me daría mucha pena que se hubiera librado de toda esa ropa sin preguntarme antes. Si nadie cercano quiere o necesita vuestra ropa, hay asociaciones que recogen prendas para dársela a gente que la necesita y mucho, recordadlo.

Otras veces lo que ocurre es que la prenda se rompe por un sitio en el que el arreglo se hace prácticamente imposible. Bueno, ahí también tenemos opciones antes de tirarlo a la basura. Si sabemos coser o conocemos a alguien que sepa y le echamos imaginación, podemos hacer nuevas prendas de otras que no nos gustan. En A Beautiful Mess tienen una sección llamada Proyect Restyle en la que te ofrecen ejemplos de cómo de algo viejo podemos sacar algo nuevo, como podéis ver en este enlace, éste o incluso en éste.

Os daré un ejemplo sencillo. En casa tenemos dos manteles individuales hechos con el que era mi pijama favorito de niña. Dichos manteles llevan por un lado la tela del pijama, por el otro una tela más gordita que le da cuerpo (y que hace que el mantel sea diferente según qué lado pongas hacia arriba), y para finalizar lleva una cinta roja cosida a modo de borde. Es muy sencillo y no hace falta que seas un gran experto en costura para poder hacerlo.


Además, si estás aprendiendo a coser, como es mi caso, este tipo de labores fáciles te ayudan a practicar antes de meterte a hacer proyectos más complicados.  Os animo a que probéis vosotros mismos y me contéis el resultado.


Buen jueves que parece martes a todos.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Sin Carneval

Estos Carnavales han sido los primeros que recuerdo sin tomar cocido. Mmmmm... Mal. No soy mucho de comer carne, pero hay ciertos alimentos que llevan carne y son sagrados para mí, véase el cocido, el churrasco o los callos. El chorizo, el lomo. Los kebabs. ¡Jarl! Por suerte he podido disfrutar de algunos postres típicos de estas fechas: las filloas de mi madre y las orejas y flores de mi madrina y mis primas.


Gracias a las cuatro por compartir postres con nosotros. 

Lo que sí he hecho es cumplir con mi previsión de tener lista para estos días una bufanda que le había prometido a una amiga de mi señora madre y, la verdad, he quedado satisfecha con el resultado pese a mis dudas iniciales. Las lanas utilizadas son las que ya os había mostrado en esta renovación

Tenía una serie de indicaciones para hacerla, me había pedido que fuera con el punto de esta bufanda, pero con un estilo otoñal. Normalmente remato las bufandas con un borde completamente monocromático, pero esta vez me he decidido por ponerle dos bordes, primero uno simple y después un borde ondulado, ambos exactamente iguales que el centro de la bufanda, y creo que ha quedado bastante bien. Cuando la terminé me pareció que tenía un aire clásico, así que decidí realzarlo poniéndole unos abalorios: en uno de los extremos con una flor de lana con un abalorio redondo en el medio y en el otro extremo un abalorio diferente, siendo ambos de un color entre dorado antiguo y cobre. Como siempre, acompaño la bufanda con un cartelito con el nombre de la persona para quien la he hecho. El resultado de todo ha sido éste:






Las fotos se ven muy oscuras porque las tuve que hacer de noche y de prisa y, como pudieron comprobar de primera mano y con mucha paciencia los Mullet el otro día, servidora no sabe hacer fotos, y menos aún de noche. 

Ahora sólo falta que le llegue la bufanda a la amiga de mi madre y que le guste. Eso espero.


Buenos y soleados días a todos, seáis vegetarianos, ovo-vegetarianos, api-vegetarianos, lacto-vegetarianos, ovo-lacto-vegetarianos, api-ovo-lacto-vegetarianos, crudívoros, crudiveganos, pescetarianos, carnívoros, omnívoros u otras tendencias posibles.

martes, 21 de febrero de 2012

Con prisas y a lo loco

Vaya, iba a renovar y, cuando me he dado cuenta, se me había echado el tiempo encima, y como me están esperando para ver una película y cenar tranquilamente, seré breve. Festivo = Paseo = Descanso. Nada de disfraces este año tampoco.

















Y vosotros, ¿a qué habéis dedicado vuestro martes de Carnaval?



Buenas digestiones de cocidos, orejas, filloas, flores y demás manjares a todos.

lunes, 20 de febrero de 2012

Una ilusión, una casa, un castillo y un chocolate

He vivido muchas mudanzas en mi vida. Una de esas mudanzas es la mía, la cual hice al estilo Phoebe de Friends, hoy me llevaba una cosa, mañana otra, otro día una bolsita, una semana después otra... Mi mudanza no duró un par de días, no, más bien la empecé hace casi un año y todavía está en proceso. Creo que el día más movido que tuve fue aquel en el que traje cosas de Ikea, con mi pequeño cochecillo hasta arriba de objetos, que no sé ni cómo subió las cuestas ni cómo aguantó los 100 kilómetros hasta llegar aquí. 

El resto de mudanzas que he vivido eran de mi hermana A. y su familia. Éstas son una especie de reunión social que tiene lugar una vez cada par de años en la que nos juntamos muchas personas vestidas con ropa de trabajo e intercambiamos saludos y conversaciones con montaje y desmontaje de muebles, de cajas, de puertas o lo que se ponga por delante. 

Este año toca reunión en breve, pero me temo que no podré estar presente. Para compensarlo, Laor y yo nos pasamos por allí un día a poner nuestro pequeño granito de arena. Cuando llegamos había unas siete u ocho personas entre familiares y amigos, todos trabajado muy voluntariosos. Este año por haber hasta había un perrito, lo cual me pareció una incorporación al equipo muy acertada, me gustan los animales.

En estas obras/mudanzas he aprendido a hacer muchas cosas: arrancar rodapiés, poner suelos, mezclar colores, pintar paredes, lijar puertas, clases teóricas de cómo colocar azulejos, la correcta organización de objetos en cajas... En esta visita he aprendido algo nuevo: decoración de paredes infantiles. Entre Laor y yo hemos creado un universo en la pared de mi sobrino, que además se iluminará cuando se apaguen las luces, para que no tenga miedo a la oscuridad en su nueva casa. Estoy muy orgullosa y me gustó mucho hacerlo, pero esa misma noche, cuando ya estaba en cama, me acordé de que me había olvidado de algo muy importante: ¡¡poner una Tardis viajando por el espacio!! Espero volver pronto y que me dejen subsanar ese pequeño olvido.







Pared de sobrino de día
Pared de sobrino de noche
Espero que vaya todo muy bien, que cumplan todos los plazos que se hayan fijado y que sepan que aquí estaremos para la siguiente en la medida en la que podamos ayudar.


 ¡¡Feliz lunes de carnaval a todos!!

jueves, 16 de febrero de 2012

Genus sublime

Esta mañana recibí un email de Tambo en el que me contaba que había pasado por su calle un coche igual al que tenía yo cuando íbamos a la facultad (el coche que me prestaba mi madre) y que le vinieron a la cabeza un montón de recuerdos, lo que hizo que también me hayan venido a mí.

Tambo es una de las personas con las que más horas he compartido. A veces me pregunto cómo conseguimos hacernos tan amigos, porque en principio somos dos personas totalmente diferentes, pero pensándolo bien muchas de las personas a las que he ido conociendo y más aprecio no tienen nada que ver con mi personalidad. Eso es lo divertido. 

Si tuviera que quedarme con una sola anécdota de la facultad sería muy difícil, tenemos demasiadas. No sé cómo siempre teníamos marrones, y siempre salíamos de ellos. Tambo dice que eso es gracias a la inventio, que nos ha dado tanto y a la que le debemos la mitad de nuestro título. El caso es que por algún extraño motivo todos los profesores conocían su nombre, y así era difícil pasar desapercibidos, sin embargo eso no siempre era malo. Un día hasta convenció a uno de nuestros profesores lectores, Patrick, de que no diera clase ese día. Yo sólo recuerdo verlos desde una distancia prudencial charlando en la puerta de clase, y que de repente Patrick se giró, nos dijo "See you next week!" y se fue a tomar un café. Y claro, nosotros detrás, a tomar café también, y de paso una tapa de tortilla rellena (mmmmm). También recuerdo el día en el que escapamos todos de clase porque la profesora tardaba ya 10 minutos, como si fueramos un grupo de geos, coordinando nuestros movimientos y corriendo ladinamente por las escaleras contrarias hasta estar a salvo fuera del edificio. En la siguiente clase la convencimos de que la habíamos estado esperando 20 minutos sin que apareciera. Nos miró con cara de "¡pequeños capuuulloooooos!", pero éramos muchos contra su versión de los hechos, no podía demostrar que hubiera mirado bien la hora. Tambo solía tener una participación bastante activa en ese tipo de planes, le encantaban y se le daban genial. Uno tiende a pensar que cuando te haces mayor serás una persona seria y responsable que no hará tonterías de ese tipo, pero cuando llegas a esa edad te das cuenta de que en muchos casos es una fachada: en el fondo a todos nos gusta hacer una gamberrada de vez en cuando, tengamos la edad que tengamos. 

De todas formas, durante todos esos años universitarios, nuestro verdadero segundo hogar fue la biblioteca, y allí no te podías andar con chiquitas.


Recuerdo al bibliotecario, también conocido por algunos como Hannibal (por Hannibal Lecter), que qué mala leche tenía ese hombre. Una vez me echó una bronca enorme porque en la otra esquina de la mesa en la que yo estaba estudiando había un diccionario etimológico cerrado. "¡¡¡¡Y no puedes llevar eso a su sitio si no lo estás usando para que lo usen los demás!!!! ¡Maleducadaaaaa!". Yo no había tocado ese diccionario, seguramente ya estaba allí cuando llegué y ni me había fijado en él hasta que me empezaron a reñir. Le intenté explicar lo que había pasado, pero no hubo tu tía, no me creía. Tuve que llevar el diccionario a su sitio, pedirle perdón y prometerle que no volvería a pasar. Así fue, que el día que en silencio absoluto se oyó a alguien abrir una lata de coca-cola y ví al bibliotecario enfurecido levantarse dispuesto a encontrar al responsable, pensé que lo llevaría a las catacumbas y nadie más volvería a saber nada de aquel pobre estudiante. Ay, Hannibal, nunca sabremos si era que odiabas tu trabajo o te gustaba demasiado. Al menos sabíamos que eras humano porque con las de la limpieza hablabas (en sus interacciones con los estudiantes mayormente gruñía).

Bueno, después de este pequeño paseo por el pasado, tengo que volver a mi presente con las bufandas. Estoy acabando una que os enseñaré en breve, en la que ahora mismo estoy centrada porque me gustaría tenerla lista para este fin de semana. Pronto habrá fotos. 


Buenos y retrospectivos días a todos.

miércoles, 15 de febrero de 2012

15 de febrero

Os contaré algo. Cuando tenía 21 años, más o menos a esta hora y tal día como hoy, aún no había cogido en brazos a ningún bebé. Ni uno. Ni verlo muy de cerca tampoco. Sin embargo, estaba a punto de hacerlo, porque tal día como hoy nació mi primer sobrino. Como siempre, recuerdo cosas sueltas de ese día. Recuerdo que fui al hospital con mi hermana mediana y que, cuando íbamos a entrar en la habitación, mi hermana mayor estaba sentada en una silla, agarrándose con una fuerza sobrehumana al reposabrazos con cada contracción, así que nos "sugirieron amablemente" que saliéramos pitando de allí. Nos fuimos a la cafetería, y a esperar. No sé cuánto tiempo tardó en nacer, pero recuerdo el momento en que me lo pusieron en el regazo. Qué cosa tan pequeña, con dedos tan pequeños, y todo tan pequeño, qué miedo a que se cayera o a lastimarlo. Sin embargo, me resultó bastante sorprendente. Era una sensación reconfortante tener algo en tus manos que tuvieras que proteger tanto. ¿No es paradógico? Él es el débil, y sin embargo tú te sientes bien por protegerlo. Los instintos son algo realmente sorprendente.

Hoy aquel bebé está hecho un hombrecito y cumple 10 años. Ya. Cómo pasa el tiempo... 

Una de mis fotos favoritas la hice un día que mi hermana me invitó a comer y, al pasar cerca de la habitación de los niños, ví qué había hecho mi sobrino mayor con el marco que tenía la foto de su hermano:


Da igual lo que hagan, da igual el tiempo que pueda pasar con ellos, si vivo cerca o lejos, da igual si se portan bien o mal, siempre querré de forma especial a mis sobrinos y siempre serán mis niños.


Feliz día a todos, sobre todo para A.

martes, 14 de febrero de 2012

Presentación

Ya os había hablado hace unos meses de una presentación del libro 50 recetas con moras y otros frutos silvestres. Para los que no pudisteis asistir o los que fuisteis y os gustó, sabed que mañana habrá otra presentación. Será en la Biblioteca Municipal Infantil y Juvenil a las 19:30 (Calle Durán Loriga 10, A Coruña). Os dejo también un artículo publicado en El País sobre el libro: pinchad aquí.


Si podéis, asistid, os lo recomiendo.


Buen martes a todos.

lunes, 13 de febrero de 2012

Disposición dulce

Como el mundo está fatal y cada vez que veo las noticias me cabreo, he decidido que lo mejor es buscar un microespacio propio donde las cosas estén bien, donde sentirme a gusto y poder sonreír despreocupadamente. Algo que dé estabilidad y reconforte. Ese lugar lo he encontrado en mis fines de semana. Comí tortitas, me encontré con carreras al yuyu, me rallé con un hilo musical con Michael Jackson versión flauta, nos cruzamos con varias personas que se parecían a Lagerfeld (miedito), ví 500 días juntos, El gato con botas, Midnight in Paris, me inflé de chocolate y nata, me perdí aquí y allá, jugué con mis chicos, canturreé y perdí cosas que luego encontré. Todo bien, todo bueno. 































Buenos y soleados días para todos.