El fin de semana ha pasado volando y por desgracia la visita de Yorch tuvo que ser más corta de lo que todos habíamos planeado, pero nos volveremos a ver pronto, seguro. De todas formas la estancia fue corta pero aprovechada. Comimos tapas a reventar, nos quedamos despiertos hablando hasta las 5 de la mañana y disfrutamos de un domingo de sofá todos juntos. Son esos pequeños placeres que hacen que un fin de semana sea especial.
Por cierto, os tengo que contar de mis experimentos culinarios de los que os hablé el viernes. Finalmente el conejo estaba muy rico, hubo suerte. Iba a hacerle una foto, pero para cuando me acordé ya quedaba poco más que un montón de huesos. Hacer el pollo con curry me costó un poco más. En general el sábado por la mañana no sé cómo lo logré, pero me organicé fatal, y eso que Laor ya me avisó de que me estaba relajando demasiado, que si acumulaba todo lo que tenía que hacer al final me iba a dar pereza o no me iba a dar tiempo. Él acertó y yo... bueno, yo tenía un cacao mental bastante importante, corriendo de un lado para otro a cámara rápida mientras hacía las cosas a cámara lenta. Es una descripción confusa, lo sé, pero creedme que muy acertada. El caso es que por mi culpa comimos a eso de las cuatro de la tarde y el pollo no me salió como pretendía, pero he de admitir que estaba rico. De hecho a Laor le gustó tanto que a las dos de la mañana se tomó dos platos de lo que había sobrado a mediodía. Algunas personas tienen estómago de hierro, sí.
De todas formas he sacado algunas conclusiones de este primer intento, como que la próxima vez que lo haga lo intentaré con leche de coco (al final no me dio tiempo a ir a los lugares que me sugeristeis, pero he tomado nota para el futuro) y que tengo que empezar a prepararlo con tiempo.
Hay que intentar para aprender, ¿no?
Hoy espero no tener que ir a cámara rápida y disfrutar con el hecho de que hoy es un pre-festivo.
¡Así que feliz día pre-festivo a vosotros también!


