Estoy nerviosa. Por lo general soy una persona super tranquila, hasta que me empiezo a poner nerviosa. Y ya me empiezo a poner nerviosa, sí. Llevo tanto tiempo en reclusión monacal que salir al mundo me da miedo, sobre todo ser la responsable de un proyecto. Menos mal que he dejado el café, que si siguiera tomándolo no me quiero imaginar.
Eso sí, tengo un montón de gente ayudándome, y eso no tiene precio: ayuda para acabar cosas, a coser los bolsos, para diseñar el puesto, hacer tarjetas, tener listo el papeleo, dejándome máquinas maravillosas, ayudándome a hacer dibujitos para las chapas... ¡¡Y luego dicen que la gente no tiene ganas de trabajar!! Pues madre mía, yo he encontrado almas caritativas por doquier.
Y es que esta semana me voy a estrenar como emprendedora, con dos coj... (ups, perdona madre), con dos coj... ines que tengo en mente coser. Y no, yo no soy una persona emprendedora, soy una persona mucho más indicada para ser empleada, pero se suponía que a estas alturas el señorito Tambo ya iba a tener una super empresa internacional y yo trabajaría para él, así que mientras ese día llega, pues nada, a hacer el loco por mi cuenta.
Os iba a pedir que me desearais suerte, pero casi mejor deseadle suerte a Laor, porque voy a estar insoportable los próximos días. Eso sí, al menos estoy entretenida con los Juegos Olímpicos. El otro día me ví la gala inaugural enterita (no podía no verla siendo en Londres) y estos días me entretengo viendo algunos deportes. Ayer aprendí un montón sobre el judo y la gimnasia artística, y también vi la natación y el final del partido de badminton, lo cual me recordó que me gustaba y que igual debería jugar algún día por eso de moverme un poco y tal... El caso es que todo esto es una más de esas contradicciones que tengo: no me gusta ver deporte, pero cada vez que estamos con las Olimpiadas acabo enganchada.
¡Buen lunes a todos!




