Hoy ya estoy más descansada, así que me veo con más energías para contaros cómo fue la experiencia en los
Mercados de Verán.
La mañana de ese día estaba un pelín nerviosa, pero por arte de magia en cuanto tuve las cosas preparadas y había requetecomprobado que estaba todo listo, los nervios disminuyeron bastante. El viaje en coche fue relativamente caótico. Como ya sabemos que siempre nos perdemos vayamos a donde vayamos, apuntamos las indicaciones del google maps y cogimos todos los CDs que hay en casa de Sigur Ros, para mantenernos zen en caso de desastre. Di tú que no es especialmente difícil llegar a Mondoñedo, pero teniendo en cuenta que hasta nos hemos perdido en parkings subterráneos en alguna que otra ocasión, no es de extrañar que de repente no nos coincidieran los números de las salidas que tomar o que lo de "girar a la izquierda" sin haber apuntado cuándo ni dónde resultara confuso. Después de preguntar a unos ciclistas y haber parado en una gasolinera, por fin llegamos a Mondoñedo media hora más tarde de lo previsto. Eso sí, una vez allí ya no sabíamos a dónde teníamos que ir. Nos habíamos preocupado tanto en llegar al pueblo, que no nos molestamos en saber a dónde teníamos que dirigirnos una vez allí. ¿Que si llamamos a alguien de la organización para preguntarle? Naaaah, eso le quita emoción. En su lugar, aparcamos el coche en una calle al tuntún y cogimos todos los bártulos sin saber a dónde dirigirnos con ellos, hasta que casualmente encontramos a la persona a la que apodamos como "hombre milagro".
El "hombre milagro" fue un señor que cuando nos vio pasar a su lado nos dijo "no es por aquí, subid por ahí, girad, seguís un poco más y llegaréis". Así, sin mediar palabra, sin haberle preguntado nada ni saber quiénes éramos ni nada. Fue raro, pero muy práctico.
El caso es que por fin llegamos y que por suerte para mí mi familia también había llegado con retraso, así no hice esperar demasiado tiempo a nadie. El momento descarga fue sorprendentemente rápido comparado con el proceso de montaje, que al principio resultó un poco polémico, aunque afortunadamente una vez despejadas las dudas sobre cómo poner las mesas, el resto fue como la seda.

Una vez todo colocado, empezó lo divertido. Pusimos sillas y banquetas haciendo un corrillo, mi madre sacó un montón de bocatas de queso y un paquete de gominolas, Laor los bollycaos y las galletas de naranja y chocolate, mi prima y mi hermana fueron a comprar empanada, mi otra hermana sacó más galletas y conguitos, los del bar nos traían bebidas al puesto... y hala, fiesta familiar al más puro estilo gallego (o sea, con mucha comida) montada en un plis. Unos venían, otros se iban, visita al pueblo, visita al bar, que yo me he comprado esta postal, que mira qué pajarita más chula me he comprado en el puesto de al lado, que yo voy a enfrente a comprarme unos broches, que mira qué bonito el teatro de títeres... y así pasamos la tarde la mar de bien.

Cuando ya llegó la hora en la que nos teníamos que ir, mi familia (que es más maja que las pesetas) empezó a escoger qué me compraban cada uno de ellos, así que todos se llevaron algo de mi puesto, lo cual provocó mi momento favorito: ataque de risa de mi hermana mayor, y es que aquello parecía "Mi gran boda griega" en versión Galicia.
En resumen, que me lo pasé como una enana.
Si queréis ver el resto de fotos, están en mi facebook:
https://www.facebook.com/naihtelabores
Y que no se me olvide: ¡¡¡Feliz cumpleaños, prima!!! Un besazo enorme y gracias por tus ánimos. La canción de hoy es para ti:
¡¡Feliz sábado a todos!!