miércoles, 28 de noviembre de 2012

Casa nueva

Después de muchos días de hiperactividad, parece que vuelvo a la normalidad y por fin puedo volver a renovar el blog, y es que me he pasado las últimas semanas preparándome para una gran novedad: mudarnos. 

He de decir que en líneas generales yo no sabía qué era una mudanza en el sentido más estricto de la palabra hasta ahora. Cuando me vine a vivir a esta ciudad, Laor ya llevaba tiempo instalado y yo decidí hacer una mudanza al estilo Phoebe. Para los que no veíais la serie Friends, os diré que la mudanza Phoebe consiste en ir llevándote una cosa de cada vez hasta hacer la mudanza completa. Es una modalidad tan sencilla que hasta ni se nota que te estás mudando. ¿Lo malo? Lleva mucho tiempo y requiere que la casa a la que te mudas ya está perfectamente lista para entrar, y en este caso ni disponía de tiempo ni la casa estaba en el estado adecuado para entrar a vivir. Hemos tenido que pintar toda la casa, arreglar el suelo, deshacernos de un montón de muebles que no valían para nada, arreglar otros que estaban regular pero que tenían posibilidad de salvarse, buscar muebles baratos y recurrir a cosas que la gente que conocemos tenía y ya no usaba. Total, que llevamos el "do it yourself" y el reciclaje hasta las últimas consecuencias. Resultado: el piso está quedando muy bien, nosotros no podemos con el culo. Nos falta limpiar el piso antiguo, para lo que intentamos contratar un servicio de limpieza porque ya no damos más de nosotros mismos, pero el precio que nos pedían era astronómico, así que aún no se ha acabado esto. Y colgar cuadros. Y decidir aún dónde meter las cosas que siguen en cajas. E instalar una lámpara. No se ha acabado aún, no. A veces parece que no se acaba nunca. ¡¡Nunca!! ¿Se nota que estoy cansada? Estoy muy cansada. Aún así, estoy contenta de que lo hayamos conseguido. Uno nunca sabe hasta dónde puede llegar hasta que lo intenta. Y si no que se lo digan a nuestro gato, que está subido en un mueble sobre unas cajas y me está mirando con cara de "¡¡Mira dónde estoy!!". Pues nosotros igual, mira todo lo que hemos hecho. Aunque confieso que he tenido momentos de "no puedo más con tanto hacer las cosas uno mismo, yo quiero ser ricaaaaaaaa y pagar para que alguien haga esto por miiiiiiiiií".

Total, que mi vida ha sido un caos últimamente, de ahí que no pudiera ni renovar, pero como ya tengo conexión en la casa nueva y mis cosas vuelven a estar todas juntas y desembaladas, ya puedo recuperar mi ritmo habitual.



Hoy os enseño una bufanda en colores suaves y otoñales, calada y ancha. Pronto más cositas. Ahora me tengo que ir a estrenar la cocina, que yo aún no la he probado. ¡¡¡Deseadme suerte!!!



Buen miércoles que a mí me parece lunes a todos.


viernes, 16 de noviembre de 2012

Bufanda negra

Últimamente me está pasando algo que es muy buena señal, estoy notando un cambio cuando me hacen un pedido. Antes lo habitual es que yo pusiera una prenda que a alguien le hubiera gustado y a partir de ahí se pusiera en contacto conmigo para que le hiciera una prenda parecida. Esto está cambiando de una forma más que notable: ahora lo más habitual es "oye, mira, que estaba pensando en comprarme esto pero he pensado que antes de comprarlo en una tienda grande prefiero comprártelo a ti". 

Eso es genial. No solo por mí, claro, obviamente a mí me viene muy bien, pero es que a la sociedad en conjunto nos viene muy bien. Repartir el dinero, que se lo lleve también la pequeña empresa. Vosotros me compráis a mí, y yo le compro la lana a una tienda pequeña, os la daré en una bolsa de papel reciclado para conservar el medio ambiente comprada en una papelería de barrio, y el cuño que le pondré a la bolsa se lo compré a una tienda de labores que acaba de abrir en mi ciudad... y así, sucesivamente. No me estáis comprando únicamente a mí, sino que ponéis en marcha una cadena de compras al pequeño comercio.

Uno de esos casos de "prefiero comprártelo a ti" es esta bufanda. Se trata de una bufanda negra, hecha a calceta y con flecos. Está pensada para combinarla con abrigos coloridos, de ahí que sea sobria, aunque los bodoques y el hecho de que sea muy larga para dar muchas vueltas alrededor del cuello le dan el toque desenfadado. 




Todas las fotos de hoy son de Sabela M. Eiriz. Si queréis saber más de sus trabajos podéis echarles un vistazo pinchando AQUÍ.


Feliz fin de semana a todos.

jueves, 15 de noviembre de 2012

El sacrificio de la huelga

Qué día ayer. Hice huelga, como bien había dicho en el facebook, y conste en acta que me costó lo mío. Estaba convencida de que quería hacerla, o mejor dicho, que debía hacerla. No voy a justificar los motivos, ya que creo que por muchos son conocidos. En cuanto a las personas que no creían que esta huelga era necesaria, bueno, es su opinión. Durante el día de ayer leí muchas cosas interesantes en la red sobre este tema, y me gustó mucho una frase que decía algo así como que si alguien no cree que era necesaria una huelga como la de ayer yo no lo comparto, pero defenderé hasta el final su derecho a expresar su opinión. A expresarla, repito, no a imponerla, eso desde luego. Creo en los derechos de los ciudadanos, creo en la diversidad de opiniones, y creo que todos, absolutamente todos, tenemos que decir lo que pensamos, discutir posturas y llegar a acuerdos, con la ineludible condición del respeto y el bien común, por muy difícil que eso resulte. La esperanza, dicen, es lo último que se pierde.

Pero como os decía al principio de esta renovación, me costó no poder trabajar ayer. No iba a hacerlo, era una cuestión moral que tenía clara desde un primer momento, pero lo que no siempre se sabe o de lo que no todo el mundo es consciente es del esfuerzo que nos supone a algunos perder un día de trabajo. Por suerte, en estos tiempos tan duros en los que estamos, soy una de las pocas afortunadas que puede decir que tiene mucho trabajo pendiente. Hay una lista de espera que debo cumplir cuanto antes y eso me quita el sueño. Perder un día de trabajo supone dinero, retrasos y quebraderos de cabeza. Mis ingresos dependen de lo que haga, no tengo un sueldo fijo, ni siquiera una cantidad aproximada de lo que voy a ganar en un mes. Eso sí, las facturas sí son fijas y hay que pagarlas sea como sea. Sin embargo, para mí la huelga de ayer trascendía con mucho de mis necesidades personales. 

Sé que muchas de las personas que estaban ayer en la calle defendiendo los derechos de los ciudadanos compartirán mi opinión. Cerrar una tienda, no acudir al puesto de trabajo, no hacer pedidos o no contestar mails es un sacrificio. Muchos de nosotros necesitamos el dinero, ya no únicamente por nosotros sino también porque cada vez más las personas con trabajos o ingresos tienen familias que dependen de ello. Repito, para mí fue un sacrificio porque además de ser mi responsabilidad me gusta mi trabajo, ¿pero un día perdido? No, eso sí que no. Me da igual que nadie esté en mi casa viendo si he trabajado o no, me da igual no estar en las cifras oficiales de trabajadores que no han acudido a su puesto de trabajo porque mi trabajo va conmigo a donde yo voy. Es una cuestión moral que no aparecerá en las cifras oficiales, pero de la cual puedo dejar constancia a través de la red. Total, las cifras están trampeadas, que si 35.000, que si 1.0000.000, ni siquiera eso es fiable.

Es tremendo. Pienso en la gente que ves a diario luchando contra los deshaucios, gente mayor que ha perdido su casa por avalar a sus hijos, millones y millones de parados, recortes en sanidad, recortes en cultura, recortes en educación, fuga de cerebros, inmigrantes desesperados por recuperar su derecho a la sanidad, malabares para llegar a fin de mes, padres desesperados porque no pueden mantener a sus hijos, gente mayor que ha trabajado toda su vida para tener una jubilación digna de la que ahora no pueden disfrutar y un etcétera tan largo que me parece increíble que las cosas vayan así de mal.

En menos de dos años he pasado por las colas del paro, la búsqueda de trabajo, problemas con la tarjeta sanitaria, que nos rechazaran para una vivienda social por tener unos ingresos demasiado bajos, familiares en situaciones laborales precarias, gente cercana que se ha ido del país para buscar un futuro mejor, y el día a día intentando hacer las cosas bien, lo cual no es para nada fácil. Porque sí, poderosos del mundo, la gran mayoría de nosotros queremos hacer las cosas bien. Queremos pagar las facturas, queremos tener trabajo o poder pagar autónomos para poder al menos hacer algún trabajito de vez en cuando, queremos tener las cuentas al día. El problema es que no siempre podemos hacerlo. 

Yo pago autónomos, o como suelo decir, pago por trabajar, y por ahora no es rentable. Aún así pienso seguir intentándolo mientras pueda. No quiero defraudar, no quiero tener que trabajar en negro. Creo que puede haber un sistema bueno para los españoles, que si todos colaboramos se puede solucionar. No creo en los que manejan esos sistemas, eso es lo malo. No he recibido ningún tipo de ayuda excepto la de mi familia que colabora constante e incondicionalmente para que yo pueda tener algún tipo de ingreso. Si no fuera por ellos y por todos aquellos que me hacéis encargos yo sería un número más en el paro otra vez. Creo en los que estáis ahí intentando hacer progresos, ayudar, en los que cada día ponéis lo mejor de vosotros mismos para levantar esto, para que vuestros hijos salgan adelante, para intentar montar un negocio o encontrar un trabajo. Creo en el ciudadano medio de a pie millones de veces más que en los que manejan el cotarro. En ellos, lo siento, no creo porque no me han dado motivos para hacerlo. Ya no es cuestión de volver al llamado "estado de bienestar", es cuestión de vivir dignamente, nosotros y todos. Ser autosuficientes es lo que pedimos, y no me parece que sea tanto pedir. 

La huelga es un derecho, pero para algunos también es un sacrificio que vale la pena.


Feliz tarde de jueves a todos.

martes, 6 de noviembre de 2012

Chal intensivo

Ya estoy aquí de nuevo con un nuevo chal para enseñaros. 

Este caso es una de esas prendas que se resisten. A veces cuando me hacen encargos me dejan total libertad, otras me dicen qué lana quieren utilizar para la cual busco un patrón y otras la hechura y yo busco la lana. En este caso la lana estaba clara desde un primer momento y yo debía buscar cómo tejerla. En principio me había decantado por hacer con ella un chal muy mono, cortito y con un borde bastante trabajado, así que durante unos días estuve haciéndolo con ese patrón. Sin embargo había algo que no me convencía, no estaba segura de que fuera la forma ideal de trabajar esa lana. 

Los ovillos tienen un colorido muy otoñal que por alguna razón se perdían en los puntos pequeños con los que estaba trabajando. Cada vez tenía más dudas así que, pese a que la alternativa era tener que volver a empezar, decidí que no quería seguir por ese camino. Es una lata cuando ya has invertido unas cuantas horas en hacer algo que más tarde te das cuenta de que no es lo indicado. De todas formas, por mucha rabia que me dé, más rabia me daría entregar algo con lo que no estoy satisfecha, así que volví a empezar de cero y probé con un chal grande y más abierto. La cosa cambió y de repente los colores volvían a surgir. Con la nueva hechura podía ver todas las tonalidades, no se perdían en los puntos sino que lucían a la perfección con la amplitud de este chal. Lo malo fue que al tener que volver a empezar me había quedado sin tiempo, así que tuve que tejer en modo intensivo hasta terminarlo. El día anterior a la entrega estuve trabajando sin parar más que para comer y cenar hasta que lo conseguí acabarlo a las 12 y pico de la noche. Durante la última hora y media mi dedo índice derecho se resistía a obedecer, sin embargo no le quedó más remedio que aguantarse.

El resultado es éste:


Esta tarde me toca otra vez probar patrones, espero dar con el indicado a la primera porque no quiero un dedo en huelga otra vez. 


Buenas y espero que provechosas tardes a todos.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Agujeteada

Pese a que estoy ocupada, ocupadísima y más concretamente hoy con unas agujetas que me están recordando que el cuerpo humano está formado por una cantidad enorme de músculos, por suerte voy acabando proyectos como puedo. 

¿Recordáis una bufanda que de rayas de colores que os enseñé hace poco? Pues por fin está terminada y hoy ya os la enseño con borde y todo. 



También he terminado un chal que espero poder enseñaros mañana. ¡¡Qué satisfacción tan grande es poder entregar proyectos!! En concreto este encargo forma parte de un encargo grande compuesto de 6 piezas, y por fin puedo decir que lo he terminado. Ahora a seguir con mi lista de tareas pendientes. 

Dentro de un mes o así (espero que menos, porque eso significará que acortamos los plazos esperados) os enseñaré el motivo de mis agujetas, pero poco a poco, porque ese proyecto sí que va para largo y sí que requiere aún más horas y cansancio. Aún así creo que valdrá la pena, pese a que será un noviembre duro. Espero por lo menos que me sirva para ponerme en forma, que buena falta me hace. 

Ahora si me disculpáis he de arrastrarme hasta el sofá a ponerme a trabajar mientras hago "Ay, ay, ay".


Feliz tarde de lunes.

viernes, 2 de noviembre de 2012

El comodín de la llamada

Hay una llamada típica en mi familia, no sé si pasa en el resto. 

Os contaré de qué trata, a ver si a los demás os suena. Yo lo llamo "el comodín de la llamada". Tú estás en casa tranquilamente y de repente suena el teléfono. Coges, y una voz apresurada y familiar te dice a una velocidad de 20 palabras por segundo: "Hola, soy yo, necesito que me busques..." y a partir de ahí puede ser cualquier cosa, una dirección, un teléfono, el nombre de un profesional, el título de una película, o la marca de zapatillas que usa la prima de Beyoncé, lo que sea. Acto seguido te cuelgan el teléfono, y ahí te quedas tú, con la patata caliente en la mano. Porque no os vayáis a creer que preguntan si tengo el ordenador encendido o si estaba a punto de meterme en la ducha, no, no, es una brevísima exposición de motivos y hala tú te apañes. Yo en ese momento me siento como si la otra persona estuviera sentada junto a Carlos Sobera jugándose un millón de euros y me entran las prisas, así que me voy corriendo brazos en alto a sentarme frente al ordenador y buscar quién narices será la prima de Beyoncé. 

Esto mismo acaba de pasarme hace breves segundos. De repente me suena el teléfono:

Naihte: "¿Hola?"
Voz rara de mi hermana: "Hoña, mira.."
Naihte: "Ah, qué casualidad, justo estaba pensando en llamarte"
Mi hermana sonando como si tuviera un trapo en la boca: "Chí, muy bieñ, ñecesito que me bushquesh el teñéfono de mi veteriñaria"
Naihte, que empieza a pensar que con esto de los recortes ya tenemos que cambiar los médicos de cabecera por los veterinarios: "Tu voz suena muy rara, ¿te pasa algo?"
 Mi hermana y su trapo en la boca: "Ño, chí, bueño, esh que acabo de shalir del deñtishta y teñgo la boca dormidah y uñ eñpashte y le prometí a la veteriñaria que la ñamaba deshpués del deñtishta, jajajajaja, cuañdo me río parezhco el ñoker"
Naihte confusa: "¿El joker?"
 Mi hermana: "Chí, jajajajaja"
 Naihte: Vale, pues te llamo ahora y te digo el teléfono, pero necesito saber quién es tu veterinaria"
 Mi hermana: "Ay, esh Blablabla"

 Así que colgamos, busco el número y me vuelvo a salón a llamar repitiendo el número una y otra vez para no olvidarme: 12345, 12345, 12345... Hasta que llego al teléfono y me doy cuenta de que estar repitiendo una serie de números mientras marcas otros distintos es bastante confuso. Por fin mi hermana me coge el teléfono:

Naihte: "Es el 12345"
Hermana: "Uñ, dosh, tresh, cuatro, shinco, uñ, dosh, tresh, cuatro..."

Y me cuelga. Fin de la llamada del comodín, prueba superada. 

Querida hermana, repito que tenía pensado llamarte. Algo me dice que estás teniendo un día bastante peculiar, así que si lees esto ya me llamarás cuando puedas o cuando vuelvas a articular, lo que tú veas. 


 ¡Feñiz viernesh a todosh!