Qué día ayer. Hice huelga, como bien había dicho en el facebook, y conste en acta que me costó lo mío. Estaba convencida de que quería hacerla, o mejor dicho, que debía hacerla. No voy a justificar los motivos, ya que creo que por muchos son conocidos. En cuanto a las personas que no creían que esta huelga era necesaria, bueno, es su opinión. Durante el día de ayer leí muchas cosas interesantes en la red sobre este tema, y me gustó mucho una frase que decía algo así como que si alguien no cree que era necesaria una huelga como la de ayer yo no lo comparto, pero defenderé hasta el final su derecho a expresar su opinión. A expresarla, repito, no a imponerla, eso desde luego. Creo en los derechos de los ciudadanos, creo en la diversidad de opiniones, y creo que todos, absolutamente todos, tenemos que decir lo que pensamos, discutir posturas y llegar a acuerdos, con la ineludible condición del respeto y el bien común, por muy difícil que eso resulte. La esperanza, dicen, es lo último que se pierde.
Pero como os decía al principio de esta renovación, me costó no poder trabajar ayer. No iba a hacerlo, era una cuestión moral que tenía clara desde un primer momento, pero lo que no siempre se sabe o de lo que no todo el mundo es consciente es del esfuerzo que nos supone a algunos perder un día de trabajo. Por suerte, en estos tiempos tan duros en los que estamos, soy una de las pocas afortunadas que puede decir que tiene mucho trabajo pendiente. Hay una lista de espera que debo cumplir cuanto antes y eso me quita el sueño. Perder un día de trabajo supone dinero, retrasos y quebraderos de cabeza. Mis ingresos dependen de lo que haga, no tengo un sueldo fijo, ni siquiera una cantidad aproximada de lo que voy a ganar en un mes. Eso sí, las facturas sí son fijas y hay que pagarlas sea como sea. Sin embargo, para mí la huelga de ayer trascendía con mucho de mis necesidades personales.
Sé que muchas de las personas que estaban ayer en la calle defendiendo los derechos de los ciudadanos compartirán mi opinión. Cerrar una tienda, no acudir al puesto de trabajo, no hacer pedidos o no contestar mails es un sacrificio. Muchos de nosotros necesitamos el dinero, ya no únicamente por nosotros sino también porque cada vez más las personas con trabajos o ingresos tienen familias que dependen de ello. Repito, para mí fue un sacrificio porque además de ser mi responsabilidad me gusta mi trabajo, ¿pero un día perdido? No, eso sí que no. Me da igual que nadie esté en mi casa viendo si he trabajado o no, me da igual no estar en las cifras oficiales de trabajadores que no han acudido a su puesto de trabajo porque mi trabajo va conmigo a donde yo voy. Es una cuestión moral que no aparecerá en las cifras oficiales, pero de la cual puedo dejar constancia a través de la red. Total, las cifras están trampeadas, que si 35.000, que si 1.0000.000, ni siquiera eso es fiable.
Es tremendo. Pienso en la gente que ves a diario luchando contra los deshaucios, gente mayor que ha perdido su casa por avalar a sus hijos, millones y millones de parados, recortes en sanidad, recortes en cultura, recortes en educación, fuga de cerebros, inmigrantes desesperados por recuperar su derecho a la sanidad, malabares para llegar a fin de mes, padres desesperados porque no pueden mantener a sus hijos, gente mayor que ha trabajado toda su vida para tener una jubilación digna de la que ahora no pueden disfrutar y un etcétera tan largo que me parece increíble que las cosas vayan así de mal.
En menos de dos años he pasado por las colas del paro, la búsqueda de trabajo, problemas con la tarjeta sanitaria, que nos rechazaran para una vivienda social por tener unos ingresos demasiado bajos, familiares en situaciones laborales precarias, gente cercana que se ha ido del país para buscar un futuro mejor, y el día a día intentando hacer las cosas bien, lo cual no es para nada fácil. Porque sí, poderosos del mundo, la gran mayoría de nosotros queremos hacer las cosas bien. Queremos pagar las facturas, queremos tener trabajo o poder pagar autónomos para poder al menos hacer algún trabajito de vez en cuando, queremos tener las cuentas al día. El problema es que no siempre podemos hacerlo.
Yo pago autónomos, o como suelo decir, pago por trabajar, y por ahora no es rentable. Aún así pienso seguir intentándolo mientras pueda. No quiero defraudar, no quiero tener que trabajar en negro. Creo que puede haber un sistema bueno para los españoles, que si todos colaboramos se puede solucionar. No creo en los que manejan esos sistemas, eso es lo malo. No he recibido ningún tipo de ayuda excepto la de mi familia que colabora constante e incondicionalmente para que yo pueda tener algún tipo de ingreso. Si no fuera por ellos y por todos aquellos que me hacéis encargos yo sería un número más en el paro otra vez. Creo en los que estáis ahí intentando hacer progresos, ayudar, en los que cada día ponéis lo mejor de vosotros mismos para levantar esto, para que vuestros hijos salgan adelante, para intentar montar un negocio o encontrar un trabajo. Creo en el ciudadano medio de a pie millones de veces más que en los que manejan el cotarro. En ellos, lo siento, no creo porque no me han dado motivos para hacerlo. Ya no es cuestión de volver al llamado "estado de bienestar", es cuestión de vivir dignamente, nosotros y todos. Ser autosuficientes es lo que pedimos, y no me parece que sea tanto pedir.
La huelga es un derecho, pero para algunos también es un sacrificio que vale la pena.
Feliz tarde de jueves a todos.