Me gusta escribir, lo confieso. Siempre me ha gustado leer, ya de pequeña devora libros sin parar. A los 10 años tuve mi primer diario, donde contaba las pequeñas cosas que me iban pasando. Hace poco he vuelto a leerlo y me partía de risa. Mis problemas se reducían a tener que recoger la mesa o que mis hermanas no me habían dejado acompañarlas a ir a dar un paseo, o que tenía un examen y no me gustaba la geografía.
Todo tiene su lado bueno en esta vida, incluso esta crisis que no está volviendo a todos un poco locos. Si lo pensáis bien, la locura también tiene su lado positivo. Si miro a la gente que me rodea, veo cómo muchos intentamos sacar lo mejor de nosotros mismos. La parte creativa que antes teníamos más oculta debido a responsabilidades y horarios sin sentido ahora está saliendo a la luz. No es que antes no tuvieramos hobbies, es que ahora tenemos más tiempo para dedicarles o para encontrar otros nuevos. Yo antes compaginaba mi trabajo con la preparación de oposiciones. No paraba en todo el día. Ahora lo de opositar es impensable en mi vida, si antes estaba complicado ahora ya ni os cuento. Mi vida dio un giro de 180º y de repente me ví sin mi trabajo, sin estar estudiando y viviendo en una ciudad nueva. No ha sido fácil, no os voy a mentir, aunque esta nueva situación me ha permitido conocer partes de mí que antes no sabía que existían, por ejemplo mi parte creativa.
Muchas personas creen que no son creativas. Bueno, hay que probar para saberlo, creedme. Además, no necesitas ser un genio de la creatividad, ni ser el mejor, lo que necesitas es encontrar lo que te gusta e ir aprendiendo poco a poco, conocer tus fuertes, lo que te hace feliz. No hay límites, no hay presiones, tienes que tomártelo como la búsqueda de lo que te llena. Es trabajar en algo que te gusta. La leche.
A lo largo de mi vida he hecho muchos trabajos, ensayos y últimamente renovaciones. He escrito millones de cosas durantes muchos años. En una asignatura de la carrera me mandaron comprar una libreta para ir haciendo todos los días una guía-análisis de lectura para presentarle al profesor una vez al mes. Mi libreta tenía la portada totalmente blanca y ponía en pequeñas letras negras: "la página en blanco". Para alguien que quiere o tiene que escribir, enfrentarse a la página en blanco es algo que puede resultar temible al principio. ¿A quién no le ha pasado que tiene que empezar a escribir y no sabe cómo hacerlo? Incluso en algunos exámenes nos puede llegar a pasar. Vemos esa página, impoluta, delante de nosotros y no sabemos qué hacer con ella. Escribimos algo, borramos, volvemos a empezar y a borrar, nos quedamos mirando a ella pensando que no seremos capaces de plasmar lo que queremos expresar. Nos entra el miedo. No sabemos qué decir, cómo decirlo, si será coherente, si será interesante, si no nos estaremos equivocando. A mí antes me pasaba mucho, ahora cada vez menos. He dejado de temer a la página en blanco porque me gusta escribir y no quiero tener miedo a hacerlo. Hay que lanzarse, y si sale mal pues qué se le va a hacer, siempre podemos volver a empezar, lo que está claro es que si no nos arriesgamos a hacerlo no fallaremos, pero tampoco acertaremos.
En general la vida es una enorme página en blanco. Cuando te levantas por la mañana puede que tengas un esbozo de lo que vas a hacer durante ese día, pero la verdadera historia que vivirás es una total desconocida. A medida que pasan las horas la historia se va formando de forma natural. Como con eso, nos pasa con todo. Cada decisión que tomamos, cada paso que damos y cada riesgo que corremos es esa página en blanco. Si nos dejamos vencer por el miedo, la libreta quedará vacía y no habrá historia que contar. Eso no puede ser, necesitamos llenar los vacíos, porque si no lo hacemos no nos quedará nada más que un libro en blanco.
Cualquier cosa que hagamos es una historia en sí y todos deberíamos tener nuestros propios relatos vitales. Algunos serán de miedo, otros de aventuras, muchas comedias, alguna historia de amor y unos cuantos ensayos.
Lo que os quiero decir con esto es que no tengáis miedo a las páginas en blanco de vuestras vidas. Para mí una de las grandes páginas en blanco a las que me tuve que enfrentar (que han sido unas cuantas) fue el inicio de Naihte. Desde que se fraguó la idea hasta que me tiré a la piscina pasaron meses. ¿Que por qué? Tenía miedo. Miedo a que no me leyera nadie, miedo a las críticas, a que a nadie le interesara mi proyecto. Sí, lo admito, tenía un horrible miedo al fracaso y al ridículo. Hoy miro atrás y no me arrepiento de haber ignorado mis miedos. No a todo el mundo le interesará leerme, ni mis creaciones, pero eso es lo de menos comparado con la cantidad de gente que me habéis mostrado vuestro apoyo y las personas que he ido conociendo a través de mi proyecto. Me habéis dicho cosas muy bonitas, palabras que me han subido el ánimo. He aprendido que puedo hacer más de lo que yo pensaba y que hay personas buenas que te ayudan sin esperar nada a cambio. Ya sólo el hecho de que me leais es genial, seais 20, 80 ó 300. Ahora me costaría muchísimo deshacerme de Naihte, porque es una parte muy importante de mí misma. Hay que luchar mucho día a día y aún me quedan muchas cosas por hacer, mejorar y demostrar, pero no me rindo porque merece la pena. Por eso os digo que no tengáis miedo. No esperéis comeros el mundo en dos días, porque no todo el mundo tiene tanta suerte, simplemente os animo coger el pedacito de pastel que os corresponde. Buscad lo que os gusta y a por ello. No os pongáis límites antes de saber hasta dónde podéis llegar.

Os dejo con un vídeo que me pusieron el otro día, que me gustó mucho. Algunos puede que ya lo hayáis visto en mi facebook. Lo repito para los que no.
Buen martes a todos.